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A Salou con un duro

Salimos a la avenida de Cataluña de Zaragoza con nuestro cartelico y el duro y nos cogió un señor en un Seat 124. Había escuchado la entrevista de Radio Zaragoza y no se podíacreer que le apareciéramos haciendo autostop

Ángel Pérez Giménez

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Ángel Pérez Giménez. Periodista

Ángel Pérez Giménez. Periodista

¡Hola vecinos! Hace unos cincuenta años conocí Salou. Con un duro -cinco pesetas- en el bolsillo. Ni siquiera el duro era mío solo. Era de dos: de un compañero del periódico donde trabajaba entonces -Aragón Expréss, vespertino cuya propiedad y dirección recaían en Eduardo Fuembuena- y mío. Tocábamos a 2,50 pesetas por barba. Fue en la Era Primaria de eclosión de la ‘Gran Migración Estival de Putos Maños a Salou’, una trashumancia masiva que dejó Zaragoza pelada en verano. Tal era la fiebre por ir a Salou los fines de semana, que el director anunció: «Habría que hacer un reportaje en torno al fenómeno Salou. Algo fresco, original y divertido. Propongan ustedes ideas, señores, que no puedo hacerlo todo yo».

El compa de Redacción y el abajo firmante, que lo mismo llenábamos el botijo que escribíamos las Cartas al Director con nombres de lectores inventados, hacíamos el Horóscopo o los obituarios, fusilábamos revistas extranjeras -italianas mayormente- o nos marcábamos unas exclusivas que te mueres, nos plantamos en el despacho del jefe con una entusiasta, juvenil y disparatada iniciativa.

--¿Qué le parece, don Eduardo, si éste y yo nos vamos a pasar el fin de semana a Salou con un duro como todo capital y luego narramos la experiencia debidamente documentada?

--¿Y quién pone el duro?

--Lo propio sería el periódico, pero si eso va a suponer la quiebra financiera del emporio informativo que con tanta habilidad usted posee y dirige, ya ponemos el duro yo y éste. La acción llevaría el título general de: «A Salou con un duro». Y obtendremos material suficiente para una serie de reportajes: un previo y varios de viajes y estancia, que han de constituir una aventura insólita y llena de interés social si contemplamos la precariedad del duro a medias.

A don Eduardo, la idea le pareció luminosa a la par que de asombroso bajo coste. En Talleres nos imprimieron un cartel fácil de transportar, con el lema de la hazaña: «A Salou con un duro». Se publicó el previo anunciando nuestra partida. Y nos llamaron los colegas de Radio Zaragoza para ir al espacio Estudio de Guardia, donde Lisardo de Felipe, Enrique Calvo y Joaquín Gazo nos entrevistaron dando por hecho que éramos un par de membrillos. 

Hicimos noche debajo de una barca. No se lo recomiendo a nadie. Las chicas monísimas confesarían que habían vuelto a buscarnos para llevarnos a dormir a mejor sitio, porque les despertábamos una tierna penita

Resumo la odisea: salimos a la avenida de Cataluña de Zaragoza con nuestro cartelico y el duro y nos cogió un señor en un Seat 124. Había escuchado la entrevista de Radio Zaragoza y no se podía creer que le apareciéramos haciendo autostop. Nos desencochó en el centro de Salou y no permitió que sufriéramos de hambre o sed durante el viaje. Ya in situ dimos una batida para reconocer el territorio y tomar notas. Ligamos. Sí, sí. Con unas chicas monísimas que a escote sufragaron lo esencial: merienda-cena y copa en discothéque. 

Quedamos en un punto de encuentro para pasar el día siguiente en la playa. Se fueron. Hicimos noche debajo de una barca. No se lo recomiendo a nadie. Las chicas monísimas confesarían que habían vuelto a buscarnos para llevarnos a dormir a mejor sitio, porque les despertábamos una tierna penita. Intentamos no romper a llorar. Cómo iban a encontrarnos si estábamos debajo de una barca. A quién se le ocurre meterse a dormir debajo de una barca. Trajeron tortilla de patata como para un ejército. Al atardecer, nos despedimos. Y volvimos a Zaragoza haciendo transbordo en Lérida. Primero en un coche, luego en un camión. Cenados, porque el camionero compartió sus víveres con el par de membrillos. Llevaba hasta una bota de vino de Paniza colgada en la cabina. ¡Qué tiempos de libertad a lo Aznar, a lo Ayuso!

Hoy nadie va a Salou con un duro. Y aún menos regresa a casa con el duro íntegro y varias historias que contar. La más emocionante de todas: la que pudo ser y no fue por meternos a dormir debajo de una barca. Esa la maquillamos un poco ante los compañeros de Redacción, Administración y Talleres. Comenzábamos a labrarnos un prestigio y no era cuestión de tirarlo por la borda. Por la borda de una maldita barca.

Ángel Pérez Giménez. Periodista. Exjefe de protocolo del Gobierno de Aragón, exdirector de la Escuela de Protocolo de Aragón

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