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Opinion Editorial

A vueltas con la Ley de Educación

Diari de Tarragona

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Foto: Pixabay

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El miércoles, el Congreso debatió la tramitación de la Ley Orgánica de Mejora de la Ley Orgánica de Educación (la LOMLOE, ya conocida como ‘Ley Celaá’), con el estudio de las enmiendas a la totalidad (PP, Vox y Ciudadanos), que no presentaban texto alternativo, y ocurrió lo que estaba previsto: hubo 153 votos a favor y 195 en contra de devolver dicho proyecto al Gobierno. Esta sigue ahora su curso con el estudio de las enmiendas parciales y requerirá la aprobación por mayoría absoluta al tratarse de una ley orgánica. La unánime oposición a la postura del tripartito de derechas por el resto de grupos se debe a que la ley vigente, la LOMCE, conocida como ‘Ley Wert’, fue elaborada y aprobada sin el menor consenso, ni político ni técnico, por un gobierno que contaba con mayoría absoluta. El proyecto de la nueva ley es una reforma a fondo de la ‘Ley Wert’ y una versión evolucionada y más moderna de la LOE de 2006. Simplificadamente, la nueva ley elimina las reválidas, que iban en contra del concepto de evaluación continua y podían forzar la repetición de curso, así como los itinerarios prematuros, entre otros cambios menores. Sin embargo, las dos discrepancias de fondo entre la derecha y la izquierda se mantienen intactas: le enseñanza de la religión y el tratamiento de los centros concertados. En todo caso, ya se prevé que la nueva ley tendrá dificultades para nacer (es ley orgánica y requiere la mayoría absoluta de la cámara), entre otras cosas porque no ha buscado ni obtenido consenso en estos dos asuntos clave, en los que no sería sin embargo imposible conseguirlo, sobre todo si se procede a una modernización de los acuerdos con la Santa Sede. Y tampoco se ha perseguido un gran acuerdo técnico. Una nueva ley educativa de partido, por buena que sea, no resolverá obviamente el problema de inestabilidad normativa que tiene la educación española en las últimas décadas. La educación tiene la suficiente importancia como para ser consensuada no solo entre los partidos, sino también entre todos los sectores de la sociedad.

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