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Abundantes teorías conspiratorias

Estas teorías conspiratorias son tan descabelladas que podrían hacernos reír, si no ejerciesen un impacto negativo en la sociedad

JOSE-DANIEL VILA ROBERT

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Antivacunas, terraplenistas, el gran reemplazo, estelas químicas, 5G, crímenes pedófilos, el ‘Estado profundo’, negacionistas de la Covid…, solo por nombrar algunas. Las teorías conspiratorias abundan actualmente, ya sea en Europa o importadas de Estados Unidos de América.

Alimentadas por la necesidad de los ciudadanos de comprender una realidad y unos fenómenos complejos, que los políticos tienen problemas para explicar con claridad, se extienden como un reguero de pólvora en las redes sociales.

A veces, estas teorías conspiratorias son tan descabelladas que podrían hacernos reír, si no ejerciesen un impacto negativo en nuestras sociedades, comenzando por la desconfianza en las instituciones democráticas y en aquéllos que las representan.

En Italia, por ejemplo, décadas de atentados, escándalos y hechos sangrientos, nunca completamente aclarados, han hecho que una parte de los ciudadanos desconfíen de las autoridades y, últimamente, también de los medios de comunicación. Una situación que ha permitido a los medios populistas aprovecharse de la rabia y desorientación de los ciudadanos y conquistar el poder. 

Así, el pasado 23 de mayo, en Piamonte, en el norte de Italia, se desplomó la cabina de un teleférico y el accidente provocó la muerte de 14 personas. A la mañana siguiente, el exdirector del venerable Corriere della Sera, Paolo Mieli, hablando por radio, sugirió la hipótesis de que se tratase de un atentado, dado que algunas de las víctimas eran de origen israelí. Sin embargo, esta sospecha, como admitiría el mismo Mieli, carecía de fundamento.

El episodio demuestra como fácilmente, también los más insospechables, pueden pasar del análisis de hechos reales a teorías de la conspiración que, en general, simplifican la complejidad de la realidad, en favor de tranquilizar a quienes leen las informaciones. 

No sorprende que esta reorganización de la realidad funcione bien en una época en la que, en el mundo occidental, las grandes ideologías laicas y religiosas están en crisis, y los ciudadanos se sienten desorientados. Aun así, existen razones muy peculiares por las cuales se buscan explicaciones más allá de lo aparente.

De hecho, en la segunda mitad del siglo XX, la duda fue un instrumento para superar las convenientes versiones, proporcionadas por las autoridades, sobre algunos hechos graves de la historia. Se trata de un período en el que la conexión del poder entre mafia y política permeó la sociedad italiana en distintos niveles.

En España, en los períodos denominados ‘años de plomo’, en los que se sucedieron atentados, masacres y luchas, tuvieron lugar hechos que provocaron centenares de muertos y heridos, y dejaron diversos casos judiciales sin respuesta alguna.

Sobre algunos de estos hechos se pudo arrojar luz gracias al trabajo, importante y riguroso, de investigación de periodistas, historiadores y valientes investigadores de las víctimas. Este trabajo, a menudo avalado por el poder judicial, ha sido obstaculizado y desviado, no pocas veces, por grupos políticos con frecuencia no involucrados en tales situaciones. 

Las teorías de la conspiración, en resumen, comienzan a florecer como el daño colateral de la propaganda populista. Y llegados a ese punto, el regreso a la realidad ya no parece posible sin volver a una política que sea capaz de reabsorber la propaganda populista. 

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