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Acostumbrarse al horror

Hay que habituarse al horror, sabiendo que es más llevadero si lo sufren otros
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El peor naufragio de los últimos veinte años solo podrá superarse cuando suceda alguno más grave en el Mediterráneo, de suyo tan apetecible y bien educado en los puertos. En el viejo y destartalado pesquero que volcó frente a las costas de Libia, en mitad de la unánime noche del mar, viajaban 700 africanos. Al parecer solo se rescató a veintiocho, que servirán para otro naufragio, ya que nadie escarmienta en estómago ajeno. Lo que pretendían estos pobres seres humanos era llegar a un país donde comer algo todos los días no fuera una extravagancia, ni un capricho, sino un derecho de todo el que nace sin ser consultado. ¿Cómo se detiene la inmigración? La respuesta está clara: dándoles algo de comer en sus países de origen, pero allí no hay comida. El primer ministro italiano, Matteo Renzi, insiste en la soledad de su país para afrontar la marabunta y reclama una cumbre de la Unión Europea, como si Europa estuviera unida, para tratar el asunto en Luxemburgo. Beberán agua mineral, con gas o sin gas, mientras debaten la tragedia, que es la que tiene más presión.

Hay que habituarse al horror, sabiendo que es más llevadero si lo sufren otros. En general, lo sobrellevamos con gran presencia de ánimo cuando afecta a los demás. Todos somos pecios. Restos del naufragio de nuestra especie, que vino a caer en este planeta disparatado, no se sabe por qué. Sin duda habría sitios mejores en otras galaxias, pero a los primeros pobladores no les dieron a escoger y sus descendientes seguimos aquí. Unos bichos malos de difícil extinción que únicamente dejarán de perpetuarse cuando al sol se le fundan los plomos. ¿Dónde quedan los problemas de Bankia y las trapisondas de Rodrigo Rato, que estaba convencido de que no iba a morirse nunca mientras pudiera ocultarle a Hacienda sus negocios? En el fondo, este tipo de granujas son indignos de ser unos descreídos. Están convencidos de que la mortaja tiene bolsillos. Lo que tiene son chalecos antibalas de la Justicia.

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