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Asesinato en un gran imperio

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El relato de la conquista del Imperio Inca por Francisco Pizarro (1471-1541) al mando de solo 168 españoles es conocido por el testimonio de uno de los participantes, el cronista Miguel de Estete. Los hechos sucedieron el 15 de noviembre de 1532 en la ciudad de Cajamarca. Pizarro, ansioso de hacer efectivo el deseo de la corona de España de la incautación de 200.000 kilos de oro del yacimiento de Birú, y por su ambición de ser nombrado gobernador del Imperio Inca, preparó una encerrona al emperador Atahualpa en la gran plaza de Cajamarca, rodeada por un muro y dos edificios.

Atahualpa entró en la plaza con su séquito de 4.000 guerreros (fuera de la plaza esperan 30.000 más); los españoles le invitaron como «hermanos y amigos». El monje dominico Vicente de Valverde lo recibió con una cruz en la mano y un traductor, invitándolo a saludar a Pizarro pero sin escolta. El emperador, indignado, rechazó la invitación, reclamando la devolución de todo lo que habían robado los españoles a lo largo de su imperio. El dominico Valverde exigió que se sometiera a las leyes de Dios y de su rey, presentándole una biblia; el inca la sospesó y la arrojó al suelo, y ordenó a sus tropas prepararse para atacar. El monje llamó a los españoles: «Venid cristianos, el Perro se resiste a nuestro Dios. Matadlos a todos, y os perdono».

Al grito de «¡Santiago!» y tronar los cañones detuvieron a Atahualpa entre Pizarro y veinte soldados. Los indígenas, aterrados, intentaron escapar, pero los españoles cerraron las puertas de la plaza. Dos horas después finalizó la batalla; un español herido y miles de incas muertos. Atahualpa fue asesinado bajo la acusación de idolatría, poligamia y conspiración contra el rey. Valverde fue nombrado primer obispo de Perú con sede en Cuzco. Destruyó templos e ídolos de los incas, intentó catequizarlo y le dieron muerte. Pizarro, a pesar de que no sabía leer ni escribir, consiguió su hidalguía y riquezas.

Francisco Ortiz de Pinedo Mendiluce

(Tarragona)

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