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´Bruixes´, ´Halloween´ y catastro (I)

Altafulla es también la palabra mágica que sirvió a muchas brujas catalanas para emprender el vuelo
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El encabezamiento del presente artículo podrá parecer a mis estimados lectores muy caprichoso, pero no lo es. En efecto, se trata de temáticas serias, pero vayamos a su razonada consideración por partes.

No soy aficionado a la brujería pero, durante un fin de semana del pasado mes de julio, se ha celebrado en la villa de Altafulla que, como es sabido, su término municipal limita con el de Tarragona, un festejo dedicado a las brujas, con afluencia de gran cantidad de público. Incluso hablaron conferenciantes que disertaron sobre el fenómeno de la brujería. Casualmente pude escuchar a uno de ellos, que refirió un hecho ligado a la brujería en Altafulla, uno de cuyos lemas es “Altafulla deixat embruixar”.

Según el conferenciante, en la torre de defensa existente junto a la ermita de San Antonio, se congregaron un sábado por la noche las brujas del pueblo, así como otras de poblaciones más lejanas, con la intención de destruir el campanario de la iglesia parroquial de Altafulla, pues el toque de las campanas espantaba a las brujas e impedía que pudieran lanzar sus maldades sobre el pueblo, los campos y las barcas de los pescadores. Eran tantas las brujas congregadas que la torre no pudo soportar el peso y quedó en estado lamentable.

Para llevar a cabo su acción destructora, las brujas se convirtieron en cuervos que, silenciosamente, durante la noche fueron arrancando una a una las piedras del campanario, mientras el párroco ajeno al peligro dormía plácidamente. Pero cuando la tarea se encontraba ya muy avanzada, un cuervo despistado dejó caer una piedra y el ruido al impactar contra el suelo de la plaza de la iglesia, despertó al párroco que inmediatamente descubrió lo que estaba ocurriendo. Como todavía quedaba en pie una campana, el párroco se dispuso a sonarla insistentemente y los cuervos fueron cayendo muertos uno tras otro. A la mañana siguiente los vecinos encontraron el campanario destrozado y los cuervos muertos a lo largo y ancho de toda la plaza, pero al fin quedaron libres de las malas artes de las brujas convertidas en cuervos. Después de esta accidentada peripecia, el campanario no se reconstruyó y todavía hoy se conserva en estado inacabado o como dicen los vecinos tal cual lo dejaron las brujas.

Altafulla es también la palabra mágica que sirvió a muchas brujas catalanas en el momento de emprender el vuelo hacia el aquelarre, especialmente cuando lo hacen transformadas en animales. En cierta ocasión, un hombre que espiaba a las mujeres, de las que sospechaba que eran brujas, las siguió discretamente hasta el lugar donde se reunían. Allá las mujeres hicieron hervir el contenido de una cazuela y después una tras otra se desnudaron y se untaron el cuerpo con una extraña pomada pestilente que salía de la cocción.

Hacia la medianoche y cuando todas estaban untadas, el hombre escuchó a las brujas, de las que ya no tenía duda alguna, recitar las palabras siguientes:

Fulla sobre fulla

Alta fulla

Alta fulla xemeneia amunt

Vola fulla

En l’aire fulla

La fulla i la flor

Vod, vod pel cim d´Altafulla.

Una vez recitado esto, las mujeres se transformaron en pájaros y elevaron el vuelo perdiéndose en los confines del cielo oscuro.

Continuará próximamente con los Halloweens , contracción de “All Hallows´Eve” que también se conocen como noche de brujas o día de brujas y el Catastro, vocablo derivado de la una voz griega que significa registro.

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