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CDC devora a sus alcaldables

La elección del alcaldable de CDC debía de haber sido un ejemplo de democracia interna y ha derivado en un campo de batalla
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Está visto que Convergència no da con la tecla de su alcaldable ideal para Tarragona. Desde los tiempos de Joan Miquel Nadal la coalición nacionalista va de fracaso en fracaso y no consigue alumbrar un candidato con opciones a recuperar el sillón de la Plaça de la Font. Gran parte de las dificultades para pertrechar un alcaldable con capacidad para disputar el cetro a Ballesteros tienen su origen en el desorden interno del partido en Tarragona. Esta falta de liderazgo propicia la proliferación de reinos de taifas donde algunos reyezuelos campan por sus fueros con políticas de poco pelo. Ante esta situación, la intervención directa de la dirección nacional del partido era de esperar. El vacío de poder local, o en su defecto el escaso nivel de la voz autóctona, ha servido en bandeja el desembarco de Barcelona. El resultado final ha sido muy desafortunado en las formas. Un proceso de primarias, que debería ser aplaudido por lo que supone de ejercicio de democracia interna, se ha convertido en un aquelarre cainita donde los cuchillos han corrido con nocturnidad y alevosía en busca de sangre. Albert Abelló deberá construir su candidatura sobre un campo de batalla sembrado de cadáveres. Tampoco contará con la menguada trompetería de los todavía socios de Unió. El flamante candidato es el menos responsable de la situación y hay que alabar su valor por meterse en el lío. Si cumple su promesa de barrer a los políticos de su lista, la matanza será sideral.

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