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Ciudadanos regresa a su origen

Los votantes han optado por el más vale malo conocido que bueno por conocer

Javier Fernández Arribas

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Albert Rivera ha realizado su trabajo de bisagra para intentar convertirse en la llave para conseguir la gobernabilidad del Estado, pero la amenaza de una victoria de la izquierda antisistema de Podemos más Izquierda Unida ha cambiado mucho apoyo a Ciudadanos por el voto útil al PP. En este escenario, el partido de centro, que lleva más de 12 años batiéndose el cobre en Cataluña defendiendo su españolidad, ha resistido el desgaste de pactar con el PSOE y la necesidad imperiosa de evitar una coalición de izquierdas desestabilizadora, como en Grecia o en Venezuela. Sus ataques a la figura de Mariano Rajoy no han cosechado los resultados esperados porque una parte de los votos decepcionados y cabreados del PP que habían ido a Ciudadanos han regresado a su origen ante la campaña del miedo a la izquierda y los ejemplos de los problemas de gobernabilidad de ayuntamientos tan relevantes como Madrid, Barcelona o Valencia, entre otros. La opción de los votantes ha sido el más vale malo conocido que bueno por conocer, porque a la hora de jugarse la prórroga de la final de la Champions hay que asegurar todos los balones, los pases y, sobre todo, la defensa para no encajar un gol que sería una derrota final.

Sin embargo, ante el embate que estaba en juego, Albert Rivera ha podido defender una posición nueva y sin experiencia a nivel nacional frente a un partido como el PP, consolidado pero responsable de aciertos y errores, que tiene la percepción entre los ciudadanos de ser más capaz de afrontar la grave crisis de credibilidad y de gobernanza que sufre España desde hace meses y Europa, desde hace unos días. Ciudadanos debe ser consciente de la idiosincrasia de un pueblo español que necesita fuerzas políticas que tengan en su ADN principios y valores, claros y solventes, que no dependan de una tertulia de televisión. Ese recorrido del camino es el que le falta a un partido político de centro que debe demostrar su fiabilidad y lealtad al Estado con actuaciones y decisiones que superen las meras proclamas electoralistas y pongan encima de la mesa su defensa de los intereses de todos los españoles, siendo capaces de respaldar un gobierno del ganador de las elecciones que se comprometa a asumir y realizar las reformas que necesita España, sin más dilaciones, y no bloquear la composición del nuevo Gobierno por la figura de Mariano Rajoy.

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