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Colgados de ayer

El pueblo advierte que los discursos no tienen nada que ver con las cuentas
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Lo más grave de las cosas que están pasando es que no acaban de pasar. Llegan las elecciones y nosotros con estos pelos de la dehesa. El fiscal anticorrupción, el muy honorable Pedro Horrach, se ha convertido en abogado defensor de la infanta Cristina por el ‘caso Nóos’. ¿Recuerdan? La esposa de Iñaki Urdangarin, agraciada con pétreo rostro borbónico, se sentará en el banquillo de los acusados como «cooperadora necesaria» en dos delitos fiscales. El escándalo ha muerto y el fiscal le pide a ella rebajar la fianza en más de dos millones. Han venido las grandes rebajas políticas, que siempre preceden a las elecciones, sean del tipo que sean, y los estafadores millonarios no pueden ser una excepción. Todos están «colgados de ayer», que es como se llama a la resaca etílica en un bien amado país latinoamericano, antes llamado hispanoamericano, cuando creíamos en las ínclitas razas paupérrimas de las que hablaba el padre Rubén Darío, asombrado de la música astral.

Ahora el concierto está más cercano y le están dando la tabarra a María Dolores de Cospedal. La curiosidad por el dinero ajeno se acrecienta en vísperas electorales. Parafraseando a Óscar Wilde podemos decir que todo santo tiene un pasado y todo candidato tiene un porvenir. ¿Es sólo la acreditada envidia española la que exige una declaración de bienes a la presidenta de Castilla-La Mancha? Ella admite ser propietaria de 12.000 metros cuadrados de terreno en Toledo, que por cierto había ocultado en sus declaraciones a la Cámara regional. Esta buena señora ha camuflado sus cuantiosos bienes a la Hacienda Pública y eso siempre está mal. Ha tenido que rectificar tres veces en sus declaraciones de propiedades y patrimonio al no incluir algún local en Albacete. ¡Ancha es Castilla, pero no tanto! Exigir la ejemplaridad a todos los que mandan en la parcelada España actual tiene muchos riesgos. El mayor, sin duda, es que la buena gente del pueblo se vaya dando cuenta de que los discursos no tienen nada que ver con las cuentas privadas.

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