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Comienza el circo político para demostrar si Trump abusó de su poder. Audiencia pública y televisada

Poca repercusión. Solo el 2% de los estadounidenses creen que 
el proceso de juicio político contra el presidente de Estados Unidos podría hacerles cambiar de opinión. La mayoría dicen que no.

GUSTAU ALEGRET

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GUSTAU ALEGRET

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Comenzó el circo. Tras semanas de audiencias a puerta cerrada en el Congreso de Estados Unidos, el pasado miércoles millones de estadounidenses pudieron seguir en directo la primera audiencia pública y televisada del juicio político contra el presidente Donald Trump.

Los demócratas quieren que los ciudadanos escuchen directamente la voz de los testigos para demostrar que Trump abusó de su poder como presidente. Los republicanos defienden a Trump, aunque no con la intensidad y contundencia que él querría, un Trump que ve en todo el proceso «la mayor caza de brujas de la historia» y un «acoso presidencial».

La semana pasada comparecieron los primeros testigos ante el Comité de Inteligencia donde se lleva a cabo el proceso. Fueron funcionarios de larga carrera, respetados entre sus colegas diplomáticos y servidores públicos que han trabajado para administraciones republicanas y demócratas, entre ellos Marie Yovanovitch, exembajadora en Ucrania.

Los demócratas quieren que los ciudadanos escuchen la voz de los testigos directamente

Los demócratas denuncian 
–y quieren que todo el país sepa– el presunto abuso de poder de Trump al utilizar la diplomacia estadounidense para beneficio político. Trump, en una llamada telefónica con el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, le habría pedido que el fiscal general de ese país abriera una investigación sobre los negocios de Hunter Biden, hijo del exvicepresidente Joe Biden, hoy –de acuerdo a la mayoría de encuestas– el demócrata con más opciones para convertirse en su rival en las elecciones presidenciales del próximo año.

Trump, sin pruebas, cree y repite que es necesario conocer «la corrupción de los Biden» en Ucrania. Para conseguir que se abriera esa investigación –y ahí es donde está el meollo del asunto– los demócratas quieren demostrar que Trump suspendió la ayuda militar de estado que Estados Unidos comprometió a Ucrania dentro de los acuerdos bilaterales, y la condicionó a que se abriera esa investigación y que el presidente ucraniano declarara en una televisión estadounidenses que se iba a investigar a los Biden. Es decir, que usó su poder sobre unos recursos públicos para conseguir, de un gobierno extranjero, un beneficio político.

En ese proceso para conseguir su objetivo, y antes de que se conociera la polémica petición de Trump a Zelensky, esta semana también conocimos que Trump, frente a la resistencia de funcionarios del departamento de Estado a avanzar con esa estrategia de presión para fines partidistas, destituyó a altos cargo del Departamento de Estado y los desprestigió. Es el caso de Yovanovitch quien fue relegada de su cargo como embajadora en Ucrania en mayo.

Trump ve en todo el proceso «la mayor caza de brujas de la historia» y un «acoso presidencial»

Yovanovitch, con una carrera de treinta años como diplomática, denunció ante los legisladores sentirse acosada e intimidada por Trump al no acceder a trabajar con el abogado personal de Trump, Rudy Giuliani, a quien el mandatario estadounidense le confió los detalles más oscuros de esas presiones en Ucrania con objetivos políticos. Giuliani no es diplomático ni trabaja en el Departamento de Estado.

La denuncia de Yovanovitch quedó demostrada para quienes podían tener dudas el mismo día de su declaración ante el Comité de Inteligencia cuando Trump tuiteó contra ella sin ningún pudor. «Allí donde ha ido, Marie Yovanovitch ha sido mala», escribió al tiempo que reclamó su «absoluto derecho a nombrar embajadores». Trump no hizo caso ni a sus asesores que le advirtieron que ese mensaje podría ser considerado coacción de testigos, un delito.

Mañana se reanudarán las audiencias. A pesar de las horas de preguntas y declaraciones televisadas, la opinión pública no está –de momento– variando mucho, lo cual juega a favor de Trump.

Según una reciente encuesta de Político y Morning Consult, solo el 2% de los consultados dicen que hay una «gran posibilidad» de que cambien su opinión, y otro 8% dice que hay «alguna» posibilidad. La mayoría de los votantes, el 62%, está firme en sus opiniones y no creen que vayan a cambiar de opinión por muy espectacular que sea el circo político.

* Periodista. Gustau Alegret, periodista, director de noticias en Estados Unidos de NTN24.

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