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Copilotos desnortados

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Aún con la atroz hecatombe que infligió a traición y sobre seguro a tantas familias, el suicida Andreas Lubitz no es ni será el más odioso y repugnante campeón de todos los demoníacos copilotos desnortados con los que a lo peor habremos de toparnos en el viaje de nuestras vidas. Si cada persona es por definición el piloto que guía su vida, también es cierto que las personas necesitamos a copilotos capaces que nos orienten y conduzcan por los caminos en los que no podríamos valernos solos. Como si de una pavorosa pesadilla se tratara, resulta congruente la extrapolación de semejante desgracia a lo que está ocurriendo en Cataluña: vemos ufano en los cielos de las ensoñaciones el aeroplano catalán, y a éste que encara la cima del Canigó con escasa reserva en los depósitos de combustible –las retalladas, claro– y sin haber efectuado mantenimiento de los motores ni ningún otro, los pilotos Mas y Junqueras con sus copilotos ICV y CUP más un tercio simple del pasaje, se han encerrado, muy apretaditos, en la cabina de mando y han echado el cerrojo, los otros dos tercios de los confiados pasajeros escuchan con asombro las preocupaciones de quienes gobiernan el avión: que si estructuras de estado, que si desconexión de España... y no oyen nada respecto de lo que debería inquietarles verdaderamente, como que no queda gasolina y que nos vamos a estrellar... la respiración de todos estos seres selectos, ciegos, sordos y llenos de una necia soberbia, amos creídos de nuestro destino y el de nuestros hijos, se oye alta y acompasada. Qué lejos de Dios estamos. Y en qué desnortadas manos.

Daniel Espuny Robles (Tarragona)

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