Cuando los consejeros no se ríen

Antoni Coll

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Un empresario invitó a comer a sus trabajadores. A los postres pronunció un discurso y contó un chiste que provocó grandes carcajadas en todos los trabajadores, menos en uno. El empresario le preguntó, sorprendido: «¿No le ha hecho gracia?». «La misma que a todos los demás –contestó–, pero es que yo me jubilo mañana».

La ventaja de los Letrados del Parlament, del Consell de Garanties de la Generalitat y del Consejo de Estado es que son órganos independientes. Pueden reír las gracias de los dirigentes, o no hacerlo. Lo curioso es que, si no lo hacen, el Gobierno de turno recuerda que sus dictámenes son solo consultivos.

Puigdemont se saltó sus controles y Rajoy quiere saltarse los suyos. Apartan a quienes no se ríen de sus ocurrencias. Un país así es de llorar.

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