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De los kamikazes a los suicidas en nombre de Alá (1)

'En el hecho religioso musulmán, la religión y el poder no se pueden separar'

Luis Fernando Valero

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Ante las reacciones de bastantes políticos que usan las emociones para barrer hacia su peculio partidario o personal, llevados algunos por el buenismo social multicultural que se extiende al humanitarismo hacia los animales, al género lingüístico, al laicismo, a todo aquello que tenga algo de religioso alternativo. Otros con su neomarxismo bolivariano matizado de sentimentalismo afectivo de paz, amor y besos y que la política es la paz universal, es bueno analizar el hecho que nos sacude los cimientos personales y sociales y cuestionarnos: ¿por qué jóvenes que han nacido en Francia, Bélgica, España, Reino Unido… en donde los hay casi analfabetos y otros que tiene hasta doctorados como el británico que cortaba el cuello a sus compatriotas o los ingenieros que estrellaron los aviones contra las Torres Gemelas, hacen semejantes actos? ¿Qué ha ocurrido con la educación que han recibido y por qué sus valores éticos les permiten asesinar a mansalva? Habrá que ir los expertos que llevan años trabajando el tema y para no caer en el sentimentalismo y manipular las emociones, como están haciendo bastantes políticos, arrimando el ascua a su sardina partidaria o personal.

Talal Asad, nacido en Arabia Saudita, hijo del diplomático austriaco, escritor y reformador Muhammad Asad y una madre musulmana de Arabia Saudita, Munira Hussein Al Shammari, el padre judío se convirtió al Islam a mediados de los años 20. Asad es un antropólogo formado en el Reino Unido y actualmente profesor en el Centro de Graduados de la City University de Nueva York. Está considerado uno de los expertos en el tema y ha publicado Sobre el terrorismo suicida (Ed. Laertes, 2008) y La construcción de la religión como una categoría antropológica (1993 Hopkins University Press). Asad rechaza las definiciones esencialistas de la religión, argumentando que la idea misma de tal definición «en realidad es producto histórico de procesos discursivos», es decir, dentro de la ubicación cultural de la modernidad secular. Comenta que «en el hecho religioso musulmán, la religión y el poder no se pueden separar». Y destaca, como Vygotgsky, Foucault y Bourdieu, la noción de arriostramiento, que es un concepto usado en arquitectura pero que es aplicable al hecho sociológico.

Un puente, un edificio… una construcción son objetos reales pero son imperfectos, y las acciones que en ellos ocurren son variables. Todos han sentido como a veces cuando estamos detenidos en un puente éste vibra, se mece, ello evita que se quiebre, hay un equilibrio teórico, y es preciso que el equilibrio sea estable para que una estructura pueda considerarse segura. La noción de estabilidad implica la consideración de un entorno entre el modelo teórico y la realidad operativa para mantener el equilibrio. Un ejemplo bastará para aclarar el concepto. Una estructura está adecuadamente arriostrada cuando cualquier cambio arbitrario de su configuración implica la deformación de elementos que generan fuerzas suficientes como para restituir la configuración original.

Durante años las relaciones entre los países y sus sociedades tenían tensiones pero se solucionaban sin llegar a la rotura, había guerras, revoluciones pero se llegaba de nuevo al equilibrio en la globalización. Esto se ha roto, por primera vez en la evolución tecnológica las acciones escapan al dominio de la mano.

En la globalización una parte ha evolucionando en su escala de valores, se ha hecho teóricamente más igualitaria y otra, en cambio, se ha mantenido en etapas monolíticas, rígidas, ancladas en etapa preindustriales e incluso medievales en sus derechos y en su manera de ejercerlos. Algunos de los estancados queriendo mejorar emigraron a sociedades más evolucionadas. Los primeros que llegaron mejoraron en sus estatus y sus hijos tuvieron estudios y ‘modernidades’ pero se dieron cuenta que a pesar de ello no podían integrarse, habían cambiado sustancialmente las reglas del juego social.

Luis de Sebastián, en su trabajo ‘Problemas de la globalización (comercio, emigración, medio ambiente)’ (Cuadernos de Justicia y Cristianismo) señala: «Uno de los efectos negativos de la globalización es que sus beneficios están siendo muy mal repartidos, porque mientras crecen las fortunas de los más ricos, crece también la miseria de los más pobres, y una buena parte de muchos países [...] se están hundiendo en la pobreza. El proceso de globalización no muestra ninguna tendencia al acercamiento o nivelación de los beneficios. No es verdad que la marea está subiendo a todos los barcos por igual. La metáfora no vale. Simplemente, porque muchas barcas ni si quiera están flotando en el mar, el binomio pobreza-riqueza es en la actualidad más extremo que nunca antes en la historia. Las diferencias entre ricos y pobres son abismales. No sólo entre personas individuales, sino entre categorías enteras de personas. En muchos países desarrollados el 1% de la población con mayores ingresos puede recibir anualmente unas 500 veces más que el 1 % de menores ingresos. Los ejecutivos de algunas grandes empresas ganan en promedio entre 300 y 400 veces más que el salario promedio de los empleados. La desigualdad puede medirse de muchas maneras, pero se percibe a simple vista» (págs. 4 y 30).

Otro experto, Amin Maalouf, cuyo libro Identidades asesinas es sin ninguna duda una denuncia apasionada de la locura que incita a los hombres a matarse entre sí en el nombre de una etnia, lengua o religión, escribe: «La cordura es una estrecha senda que discurre por la cresta de una montaña entre dos precipicios [...]. En el caso de la inmigración, la primera de esas dos concepciones extremas es la que ve el país de acogida como un solar desocupado en el que cada cual puede instalarse [...] sin cambiar lo más mínimo sus gestos ni sus costumbres [...]. En la otra concepción extrema es una página escrita, e impresa, de manera que los inmigrantes no tienen más remedio que adaptarse a ella» (pág. 47).

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