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Déficits democráticos

Ciudadanos y Podemos son hijos, además del descontento social, de las disfunciones democráticas de los partidos tradicionales
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Un portavoz de Ciudadanos ha manifestado que si el Partido Popular quiere pactar con ellos, tendrá que introducir primarias en su organización para la promoción interna de los cuadros y la designación de los candidatos a ocupar las instituciones. Un portavoz del Partido Popular ha respondido calificando de “chantaje” semejante condición. Naturalmente, aquél ha replicado que no es obligatorio pactar con Ciudadanos, pero que esta formación es libre de imponer sus propias reglas a quien le proponga un acuerdo. El tono de este rifirrafe es chocante, y parece más bien propio de una democracia balbuciente y joven que de un sistema ya consolidado como el nuestro. Pero todo se entiende mejor si se tiene en cuenta que la oligarquización de los partidos, el encastillamiento de las organizaciones, su impermeabilidad al exterior y la gran dificultad de penetrar en ellas o de promocionarse en su interior han sido ingredientes fundamentales de la gran desafección social que las formaciones políticas han padecido y están padeciendo. En realidad, Ciudadanos y Podemos son hijos de estas disfunciones, ya que si los partidos clásicos hubieran cumplido con su obligación y se hubiesen ajustado a los criterios de democracia interna que ya exhiben los países más avanzados, difícilmente se hubieran abierto paso formaciones nuevas, que no han nacido por algún déficit ideológico sino para remediar el gran vacío creado por las anteriores.

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