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Despilfarros, suma y sigue

La torre dedicada al vino en Socuéllamos se intuye inútil y cara, pero además es fea
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Este 2014 que ya concluye tampoco pasará a la historia como el año de la tantas veces comprometida reforma de las administraciones públicas. El ajuste ha pasado una vez más de largo por las distintas burocracias: central, autonómica, local, provincial, comarcal… y todo lo que han ido acumulando alrededor. La aguda caída de los ingresos fiscales no ha propiciado una verdadera política de ahorro y racionalidad, y los responsables políticos no han hecho lo que se han visto obligados a acometer los gestores privados: replantearlo prácticamente todo, para lograr la máxima eficiencia sin gastar un euro de más. Dicho de otra manera, aplicar criterios de base cero, cuestionando todo lo que se hace… por si se puede hacer mejor.

Con bastante ingenuidad, más de uno pronosticó que, al disponer de menos dinero, los gobernantes se verían forzados a gastarlo mejor. Un primer paso -se creyó- habría de consistir en mejorar aspectos estructurales y organizativos, eliminando duplicidades, superposiciones y organismos cuya función es redundante o cuya existencia no hay modo de justificar. Hubo incluso quienes llegaron a creer sinceros los compromisos de reducción de empresas, entes, fundaciones y demás añadidos al organigrama tradicional. Todo ha quedado, empero, para un siempre indeterminado después.

También la profusión de obras inútiles se pensó que debería haber quedado atrás. Varios periódicos y televisiones han dedicado últimamente esfuerzos para localizar y exponer el sinnúmero de disparates construidos durante la ya casi olvidada etapa del gran esplendor. Relatan ocurrencias tan llamativas como estaciones de esquí en plena llanura mesetaria, parques acuáticos tierra adentro y un sinfín de pintorescas inversiones que añadir a la lista de las más conocidas: aeropuertos que carecen de aviones –más de los que suelen citarse-, vías de alta velocidad y estaciones ferroviarias sin pasajeros, autopistas sin apenas tráfico, polideportivos en los que no se juega o palacios de congresos en los que no se reúne nadie. Mucho de lo construido ha caído en abandono, sin más aportación que haber enterrado millones de euros para seguir siendo lo más parecido a un erial. Menos de lo debido, sin embargo, ha terminado propiciando el inicio de una causa judicial.

Sensatez y racionalidad deberían imponerse siempre a la hora de elegir entre lo fundamental y lo accesorio, no digamos lo innecesario, a la hora de emplear los fondos aportados por la sociedad; mucho más cuando, como ahora, corren tiempos de escasez. Pero la propensión al dispendio superfluo no decae y los ejemplos siguen creciendo, para sonrojo de sus promotores y estupor de una sociedad molesta por los recortes presupuestarios en materias sensibles.

Algo que puede acabar integrando el deprimente catálogo de insensateces se acaba de inaugurar, el pasado 17 de diciembre, en Socuéllamos (Ciudad Real). Se trata de la llamada Torre del Vino, una mole de 40 metros de altura y once plantas, en la que se han invertido 4,5 millones de euros, destinada a albergar un museo de proyección mundial sobre cultivo y elaborados de la vid. Su mantenimiento se calcula que costará del orden de 410.000 euros anuales, que se prevé compensar con una afluencia de 133.000 visitantes e ingresos de 9.000 euros cada ejercicio. Una nueva demostración de que el papel sigue siendo el material más resistente, porque lo aguanta todo. Permite incluso hacer abstracción de que la villa manchega sólo cuenta con 13.000 habitantes y apenas un par de hoteles de limitada capacidad, además de un acceso nada fácil por carretera y tren.

Cuentan que la materialización final del proyecto ha sido posible gracias al impulso prestado por la presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, asimismo secretaria general del Partido Popular. Así lo destacó con énfasis el alcalde correligionario, Sebastián García, que suma alrededor de dos décadas al frente de la corporación municipal. A él se atribuye particular empeño en erigir la monumental torre, cuya discutible estética es cualquier cosa menos armónica con el entorno y la arquitectura característicos de la zona.

La controvertida utilidad del monumento ha dado pie a numerosas críticas, entre otras contraponiendo la amenaza de cierre por falta de recursos que pende sobre la guardería municipal. Tampoco la oposición ha resistido la tentación de recordar la frecuencia con que la presidenta Cospedal se ha autoproclamado azote del despilfarro y campeona de la austeridad. ¿Ha sido lo de Socuéllamos una excepción? Lo sea o no en la comunidad castellano manchega, la realidad es que otros enclaves siguen compitiendo para aparecer en la lista de pozos sin fondo… aquí y allá.

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