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Despropósitos y poder

Los problemas que generaría la aplicación de las propuestas de Trump trascienden al ámbito norteamericano

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Los excesos de Donald Trump vuelven a poner sobre la mesa la pregunta irresoluta de si el pueblo soberano de un país es plenamente dueño de su destino, aunque decida suicidarse o agredir a la comunidad internacional. Trump es un sujeto atrabiliario que, en su excentricidad, está emitiendo propuestas que, si llegase al poder presidencial en los Estados Unidos, podrían llevar al mundo a situaciones muy delicadas. Trump propone una especie de guerra de religiones, ya que proscribiría o limitaría el libre desarrollo de la fe islámica, un recurso populista capaz de darle votos en las circunstancias actuales. Su repertorio incluye ideas tanto o más graves como denunciar el Tratado del Atlántico Norte, que se basa como es conocido en la defensa solidaria común del Occidente democrático, de forma que si uno de los socios es atacado, todos tienen la obligación de salir en su socorro. Estas decisiones se contradicen con los fundamentos de los Estados Unidos, un país construido sobre la base de las libertades individuales y colectivas, pero el problema que generaría la aplicación de semejante programa político trascendería del ámbito norteamericano. Los despropósitos de Trump ya han dado ocasión al presidente Obama para urgir a los líderes del Partido Republicano a retirar su apoyo al candidato, a la vez que se han abierto los primeros cismas en las filas republicanas. Cabe confiar en que los americanos no se aboquen a sí mismos al desastre.

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