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Destituido por humillar

Antoni Coll

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El 3 de junio, el alevín del CD Serranos, un club de barrio de Valencia que disputa sus encuentros en el cauce del río Turia, ganó al Benicalap por 25-0. 

El abultado marcador de un partido entre niños de 10 años acabó con la destitución del entrenador del equipo vencedor. A la directiva no le había gustado lo que vieron como una humillación: «Nosotros fomentamos el respeto al rival. No gestionó bien la situación», dice el comunicado del Serranos. 

Me parece muy bien. Ganar humillando al otro no es bueno, del mismo modo que no lo sería dejarse ganar como una concesión hecha desde la prepotencia.

Esta idea es exportable a la política. Si la Transición fue un éxito es porque nadie pretendió ganar por 25 a cero: ni el franquismo residual, ni la nueva derecha, ni la izquierda legalizada. 

El choque de trenes se produce cuando ambos maquinistas no frenan para detener la humillación del otro. 

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