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Destruir... ¿para mejorar?

¿Qué hay de cierto en que para construir algo mejor se debe destruir lo existente?

Enrique Arias Vega

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El vandalismo de los okupas barceloneses a cuenta del Banc Expropiat en el barrio de Gracia seguramente les resultará muy gratificante desde el punto de vista emocional, con abundante descarga de adrenalina, pero no resuelve ni uno solo de los problemas de la sociedad, como ellos pregonan, sino que los agrava.

¿Qué hay de cierto en esa especie de eslogan que para construir algo mejor se debe destruir antes lo ya existente? Este principio, solo aplicable al área del urbanismo, manejado fuera de su contexto ha conducido siempre al empeoramiento de la vida de los ciudadanos. Es lo que está sucediendo, a otra escala, en Francia, donde la oposición violenta a las necesarias reformas del Gobierno socialista puede paralizar el país, frenar su bienestar y hundir la economía gala en el ranking europeo.

La verdad, por mucho que les pese a quienes pretenden negarla, es que Francia ha perdido décadas en hacer las reformas necesarias, tiene una economía obsoleta y está en manos de unos de los sindicatos más reaccionarios de Europa. La nueva violencia antisistema comenzó hace veinte años con el movimiento antiglobalización, como si ésta fuese algo dañino en sí misma y no una oportunidad de intercambio de conocimientos, ampliación universal del mercado de trabajo y mejora de las condiciones de vida de la gente.

En el fondo, la perversa filosofía de que hay que destruir lo malo para edificar sobre sus ruinas un nuevo paraíso la comparten los antisistema con esos terribles yihadistas que también aspiran a imponer su doctrina, aunque los demás no la compartan, ni tampoco deseen vivir en el mundo en cenizas sobre el que quieren asentarla.

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