Opinión El mirador

Duele La Palma

ÁLEX SALDAÑA

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Duele La Palma

Duele La Palma

Impresiona el volcán, que lleva 40 días escupiendo fuego y lanzando toneladas de lava colina abajo. Sí, impresiona el volcán y duele La Palma. Y los palmeros, que ven con impotencia cómo la naturaleza les arrebata todo lo que tenían. Imposible no conmoverse con sus historias, con su desesperación, su desesperanza, su angustia, su resignación.

Como la de los hermanos Santaella, que tan orgullosos se veían de su lustrosa villa de tres alturas y una hectárea de jardines y frutales alrededor, una casa que sus padres levantaron casi cuarto por cuarto, planta por planta, a lo largo de 40 años de esfuerzo. Una construcción que se ha convertido en un símbolo al que se acercan a diario los que aún residen en la isla para emocionarse con el milagro de que siga en pie después de dos semanas de asedio de una colada que parece que no se mueve, pero que ya abraza el edificio por tres de sus cuatro costados y comienza a quebrar sus muros.

Aunque la casa aparenta resistir, la realidad es que tiene la batalla perdida ante las toneladas de basalto que la empujan. La familia asiste a tan empecinada resistencia desde la televisión, viviendo una tortura a cámara lenta que ha acabado por superarla. Ya no pueden más. No soportan tanta angustia. Y en un momento parecen rendirse: «Esto es una tortura: algunas mañanas pienso ‘mira, que se la lleve ya’. Son muchos días vigilándola, viendo qué le pasa», se sincera uno de los hermanos. Aunque, en realidad, incluso en la agonía, alberga un resquicio de esperanza: «Quizás, si se para, los daños no sean irremediables». Sí, duelen los palmeros.

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