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El 20-D, ¿elección casual?

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Escuché una vez a un asesor y consultor político que las campañas electorales procuran eliminar la razón y desterrar la inteligencia y el análisis del acto de votar. Sus palabras me han venido a la memoria con la fecha que el presidente del Gobierno Mariano Rajoy baraja para las próximas elecciones generales. El 20 de diciembre, el último día posible para celebrar comicios en esta legislatura según la actual ley electoral, una fecha perfecta para intentar debilitar voluntades.

De confirmarse, será la primera vez que se convoquen en ese mes, cinco días antes de la fiesta de Navidad. Así que durante la próxima precampaña navideña podremos asistir al insólito espectáculo de ver imágenes de los líderes políticos entre los anuncios de regalos para Papá Noel y Reyes.

La voluntad del presidente de agotar la legislatura y aprobar los Presupuestos Generales del Estado y la reforma exprés del Constitucional anunciada esta semana para poder sancionar a Mas antes de las elecciones son algunas de las justificaciones que estarían detrás de tal fecha. Pero no es descabellado pensar que a Rajoy le seduce esa fecha porque piensa que un grupo indeterminado de ciudadanos puede sentirse tentado a votar al partido en el Gobierno en unos momentos de exaltación del consumo, y de aumento del poder adquisitivo, gracias a la tradicional paga extra. Sobre todo en el caso de los funcionarios que este año van a cobrar esa paga y parte de los retrasos.

Debe considerar el máximo líder del PP que muchos pensarán que para qué es necesario cambiar, para qué arriesgarse a buscar otros caminos, si ya tenemos el pavo, el cordero y el marisco o lo que sea menester en el congelador.

Ya veremos si la argucia del calendario le sirve para algo al PP que sigue intentando presentarse como el salvador de la economía cuando España crece a un 3,1% anual, gracias sobre todo a la caída del precio del petróleo y a la devaluación del euro y no tanto a su gestión.

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