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El ajuste

¿A quién se le ocurre tener objetivos? Y ¿a quién se le ocurre hacer números?

Manuel Alcántara

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No nos salen las cuentas porque muchos gastos se han desviado y nos están costando la vida. El pobre señor Montoro quisiera que todos fuésemos más ricos, pero no tiene más remedio que conformarse con lo que no tiene y ha anunciado, sin bombo pero con muchos platillos, que el exceso de déficit nos obligará a duros ajustes. El experimento de las comunidades, que fue una rebelión contra el poder centrípeto y desdeñoso, ha fracasado después de tener éxito entre algunos virreyes más o menos catetos. ¿Qué será de nosotros?, nos preguntamos mientras sigue el intercambio de ataques entre Ciudadanos y Podemos. Pablo Iglesias le echa la culpa de impedir formar Gobierno a Rivera, y Rivera culpa a Pablo Iglesias de actuar según las encuestas. Total: que el ajuste sigue siendo un desabarajuste, mientras el imperturbable abril estalla entre nosotros equivocando incluso a los almendros.

Los que no estamos seguros de ver otras primaveras apreciamos especialmente el esplendor de esta estación zangolotina que la sangre altera, pero no consigue alterar a Rajoy. Mientras el PSOE y Ciudadanos revisan sus pactos, nosotros temblamos por el destino de la Seguridad Social, que hace poco era la mejor del mundo, ya que permitía los mayores abusos. La felicidad retrospectiva. Cuando nos la echamos a la cara únicamente la vemos la espalda para contemplar la forma de su huida. Jorge Luis Borges dijo, poco antes de acabar su gloriosa vida rodeada de sombra, que había cometido el peor pecado que uno puede cometer: «no ha sido feliz».

Tengo que darme prisa, a pesar de detestar el apresuramiento, porque se me acaban los días mientras miro como vuelan los años. Tendré que ajustarme, como casi todas las personas decentes, que son las que no despilfarran más que lo suyo, y no como los innumerables golfos que han tirado nuestra casa por la ventana. Los números rojos han superado en 10.000 millones de euros nuestro objetivo. ¿A quién se le ocurre tener objetivos? Y sobre todo, ¿a quién se le ocurre hacer números? Con ellos se puede demostrar cualquier cosa y la contraria. Sobre todo en Bruselas, patria querida.

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