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Opinion EDITORIAL

El 'brexit' de Puigdemont

Quedan demasiados días hasta el 21-D para seguir lanzando sandeces que poco ayudan a recuperar la confianza necesaria

 

Diari de Tarragona

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Puigdemont en Bruselas con los candidatos de Junts per Catalunya.EFE

Puigdemont en Bruselas con los candidatos de Junts per Catalunya.EFE

La propuesta de Carles Puigdemont, deslizada durante una entrevista televisiva, en el sentido de que Catalunya debería decidir en referéndum su continuidad o no en la Unión Europea ha suscitado tanto rechazo, incluso dentro del propio PDeCAT, que el president cesado y deslocalizado ha tenido que rectificar en redondo. Con ánimo de benevolencia puede entenderse que Puigdemont reaccionara dolido por el nulo apoyo que ha obtenido el independentismo por parte de la Unión Europea. Sin embargo, ningún político responsable puede permitirse frivolizar con temas de tanta trascendencia, ni tampoco puede dejarse arrastrar por sentimientos humanos, muy comprensibles, pero absolutamente desaconsejables en la gestión pública. Por otra parte, este enésimo error de Puigdemont revela hasta qué punto el Govern de Junts pel Sí se llamó a engaño en su ensoñación independentista. Desde un principio todas las autoridades de la Unión y todos los países advirtieron a Puigdemont que no avalaban la secesión de Catalunya y reiteraron su apoyo implícito y explícito al Gobierno de Mariano Rajoy. Pese a todo, el Govern insistió en negar las evidencias, algunas de tanta gravedad como la deslocalización de las sedes fiscales de los dos grandes bancos catalanes, CaixaBank y el Sabadell, que, lógicamente, no quisieron correr el riesgo de quedar fuera del amparo del Banco Central Europeo. ¿No tenía suficiente evidencia Puigdemont de que sus intenciones dejaban a Catalunya fuera de Europa?  
No contento con haber quedado en evidencia, su fragilidad política resulta alarmante de cara a las elecciones del 21-D. Quedan demasiados días para seguir lanzando sandeces irresponsables que no contribuyen en absoluto a recuperar el clima de serenidad y de confianza que Catalunya necesita para superar el llamado ‘efecto Montreal’. No sólo necesitamos animar el retorno de las empresas que se han ido, sino también evitar que siga el goteo de huidas ante la contumaz irresponsabilidad política de unos dirigentes lamentables.

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