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El comercio, a velocidad de vértigo

La realidad cambiante de los usos comerciales desborda las leyes antes incluso de que sean aprobadas.

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Si en términos generales la legislación siempre va por detrás de la realidad social, en materia de comercio, esta evidencia se agranda. Ahora, la nueva Llei del Comerç que presenta el Govern para su debate y aprobación da carpetazo a las Rebajas tal y como se habían concebido hasta ahora, y lo hace después de que, en la práctica, el sector comercial de Catalunya lleva ya muchas temporadas burlando la normativa con toda suerte de eufemismos. La decisión de archivar los períodos de Rebajas ha cargado el argumentario de los partidarios de la liberalización total del comercio. Deberíamos evitar caer en esta trampa. Que se pida una adaptación de las normas que regulan la actividad comercial no quiere decir que se ampare la ley de la selva como método más fructífero. Básicamente, el legislador debe armonizar tres grupos de intereses: por una parte los deseos de los grandes grupos; por otra el modelo del pequeño comercio que configura buena parte de nuestra economía de pequeña empresa y también el dibujo urbano de nuestra ciudades; y finalmente el consumidor, cada vez más exigente con sus derechos. No es tarea fácil porque, entre otras cosas, otro modelo de compra ha irrumpido estas Navidades con fuerza inusitada: la venta por internet. No acaba el Ejecutivo de proponer un texto al legislador y la realidad social vuelve a adelantar por la izquierda el ordenamiento legal. Habrá que replantear de nuevo la acción pública en el comercio.

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