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El desbordamiento del Ebro

Las grandes avenidas fluviales deberían ser el arranque de políticas preventivas complejas y presididas por la racionalidad
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El Ebro se ha desbordado siempre, aunque en los últimos tiempos, seguramente a causa del cambio climático, las grandes avenidas se prodigan más y cabe prever, según los expertos, una mayor recurrencia del problema en futuro. La política hidráulica ha sido muy controvertida en los últimos tiempos en este país, por controvertidas razones ideológicas entremezcladas con inquietudes medioambientales. Lo más razonable, porque siempre sale más barato, es trabajar con la naturaleza y no contra ella, ya que el río es un ser vivo, dotado de su propia dinámica. En cualquier caso, la problemática es sensiblemente distinta aguas arriba o abajo del pantano de Mequinença. En el cauce aragonés y navarro cabría plantear un alejamiento de las actividades humanas con la transformación paulatina de las áreas inundables en «infraestructuras verdes», además de obras coyunturales de protección en las zonas pobladas donde otras alternativas no sean posibles. En el tramo catalán, la gestión de los embalses y los intereses de las hidroeléctricas deben ser compatibles con el mantenimiento de un caudal ecológico que no perjudique al ecosistema fluvial. Los dragados son otra opción en determinados puntos del recorrido, aunque presentan riesgos medioambientales y necesitan reiterarse con frecuencia para que sean útiles. En definitiva, las grandes avenidas fluviales deberían ser el arranque de políticas preventivas complejas y presididas por la racionalidad.

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