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El fin de una época

Hemos sido benevolentes con los ideólogos y ejecutores de un modelo que ha hecho posible que llegáramos hasta aquí
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Rodrigo Rato fue ministro de Economía y Hacienda en la primera legislatura de Aznar y vicepresidente económico en la segunda, por lo que puede decirse que suya es la autoría del proyecto económico de la derecha española. Y en 2004, cuando Aznar designó a su sucesor, estuvo a punto de alcanzar la presidencia del PP y quién sabe si la del Gobierno. Después de dirigir el FMI, acabó presidiendo Bankia, con el desastroso resultado conocido. Hoy está siendo investigado por las fuertes sumas que cobró de Lazard, que a su vez firmó jugosos contratos con Bankia; y está imputado por la salida a Bolsa de la entidad, así como por administración desleal y otros delitos por las tarjetas Black. El colofón ha sido la noticia de que se acogió a la regularización de 2012 y ahora se le acusa de varios delitos económicos relacionados con el presunto intento de poner su patrimonio fuera del alcance del fisco y la justicia española. Sus amigos de siempre en el PP lo han dejado caer. Y la opinión pública confirma horrorizada, que las cosas eran como parecían, que en un cierto momento este país se salió de madre. Está claro que esta degradación no ha sido general, que muchas personas que estuvieron en lo público esos años cumplieron con su obligación y se atuvieron a los imperativos morales, pero ha habido una grave falta de rigor en el control y una gran benevolencia en la exigencia de responsabilidades hacia los ideólogos y ejecutores de un modelo que ha hecho posible que llegáramos hasta aquí.

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