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Opinion EDITORIAL

El independentismo toma las capitales

Si finalmente Ernest Maragall consigue la alcaldía de Barcelona, el independentismo regirá en las cuatro capitales

 

Diari de Tarragona

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Ernest Maraall, en el pleno del Ayuntamiento de Barcelona. EFE

Ernest Maraall, en el pleno del Ayuntamiento de Barcelona. EFE

La cuenta atrás hasta el próximo sábado, fecha en la que se celebrará la constitución de los nuevos ayuntamientos surgidos de las elecciones municipales del pasado 26-M, va perfilando la configuración de los nuevos gobiernos y de las nuevas alcaldías. A día de hoy se vislumbran cambios. Cambios importantes. Entre los ayuntamientos más significativos que cambiarán de timonel figura el de Tarragona. La decisión de la coalición de izquierdas En Comú Podem, de apoyar la candidatura de ERC, provocará que el hasta ahora alcalde, Josep Fèlix Ballesteros, no pueda renovar la alcaldía por cuarta vez consecutiva. Pese a ser el candidato más votado, el PSC no ha conseguido aglutinar los apoyos suficientes para volver a formar gobierno. Las alianzas se habían configurado con los partidos constitucionalistas por una parte (PSC, Ciudadanos y PP) y los independentistas por otra (ERC, Junts per Tarragona y la CUP). El desempate quedaba en manos de En Comú Podem, una amalgama de formaciones de izquierda en las que conviven una variedad de sensibilidades aglutinadas en las políticas progresistas pero muy fragmentadas por lo que respecta a los postulados independentistas. Pese a que los concejales electos han querido destacar que su decisión no se ha tomado a partir del dilema separatista, sino a tenor de la que consideran mejor oferta de política municipal para Tarragona, es indudable que la lectura frentista en clave del procés será inevitable, sobre todo cuando el análisis amplía el tablero a toda Catalunya. En estos momentos, Girona, Lleida y Tarragona tendrán alcaldesa y alcaldes independentistas. Si finalmente Ernest Maragall consigue la alcaldía de Barcelona, el mapa municipal de las cuatro capitales catalanas lucirán la estelada. Muy lejos se vislumbra con este panorama los tiempos en los que el socialismo catalán regía todas las capitales y hacía del municipalismo el bastión que le permitió gobernar también la Generalitat. El vuelco merece una profunda reflexión. No es bueno para Catalunya un PSC sin poder municipal.

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