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El militante

En la política tarraconense estos días se está a la búsqueda de un independiente potente
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La entrevista fue hace unos años. Le pregunté al político de turno sobre cierta partida presupuestaria que a mi entender era un gasto inútil y él estuvo 5 minutos disertando sobre los beneficios que podía tener esa inversión. La defendió con pasión inusitada como yo hago cada vez que alguien ataca a la Bellucci. Pasaron 6 meses y en un segundo encuentro que tuvimos le volví a preguntar por la famosa partida. El tipo me contestó sin pestañear: “No es una prioridad. En este momento y con el contexto actual hay otras variables que hacen que esa inversión quede aparcada”.

¿Qué pasaron en esos 6 meses? ¿Cuál era el contexto que le hacía glorificar un tipo de política y medio año después huía en cuanto la oía nombrar? No era la crisis (llevábamos una temporadita desayunando con ella), tampoco haber estudiado más profundamente el caso (el político en cuestión y el estudio eran términos antagónicos). Simplemente el partido estaba en la cuerda floja y habían cambiado de discurso. La misma persona que antes te hablaba de algo con la fruición de un enamorado sólo había necesitado que su mandamás diera la orden para lapidar a aquella a la que antes le hacía ojitos. He ahí un militante.

Un eco. Alguien que repite lo que dice el de arriba. Incapaz de diseccionar algo sin que sus gustos, o los de su capo, prevalgan. Si le dicen que baile no preguntará el porqué. Bailará.

Hay militantes en política, son además de los que esperan que su buen comportamiento y el no poner peros traiga recompensas, pero también los hay en el fútbol o en la prensa, por poner dos ejemplos.

Todo el mundo conoce al hincha capaz de analizar, como si fuera Maldini, al nuevo fichaje uzbeko de su equipo. No lo conoce pero si la directiva dice que ese tío es bueno no hay más que hablar. O al tipo que sólo ve conspiraciones arbitrales en su contra. Todo el mundo, o la mayoría, compra el diario (o sintoniza la emisora) más afín a su pensamiento. Compramos lo que queremos leer en función de nuestra ideología política. Alguien que nos diga que somos los más listos y guapos del barrio. Nos quedamos con aquel que reafirme nuestros pensamientos, con el que nos diga que los nuestros son los buenos. Miénteme y dime que me quieres.

Permitan un momento de alimentación de ego. Hace unos días entró una llamada en directo a la radio para dar su opinión sobre el tema que tratábamos. La oyente aprovechó sus segundos finales para decir que le gustaba mucho el programa ya que en la editorial siempre decía lo que ella pensaba. Agradecido por la amabilidad me quedé pensando qué pasaría el día que mi comentario no fuera de su gusto (ahora cada día la llamo antes de empezar el programa para acordar la editorial). Unos días antes hablaba con el gerente de una empresa que me reconocía que muchas veces no estaba de acuerdo conmigo en los escritos del Diari pero que le gustaban igual. El mejor piropo que podía recibir.

Saben ustedes que en la política tarraconense estos días se está a la búsqueda de un independiente potente capaz de sumar votos. Uno de los que está en la quiniela me aseguro que él sólo entraba en el circo si le dejaban mantener su independencia y decidir en función de su criterio propio, no en función de las dinámicas del partido. Le deseé suerte. La va a necesitar.

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