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El partido 'catch all'

El discurso de Podemos se ha ido dulcificando, va hacia una posición centrista
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Los fundadores de Podemos son profesores de ciencia política, por lo que no desconocen en absoluto la tipología de los partidos y saben perfectamente lo que son los ‘catch-all party’, o partidos agarralotodo, un concepto creado por el politólogo de la Escuela de Frankfurt Otto Kirchheimer en 1966 para referirse a unas formaciones surgidas tras la segunda guerra mundial que fueron abdicando de su marco ideológico originario para dar cabida a un número cada vez mayor de simpatizantes de los diversos estratos sociales y de todas las tendencias a costa de desvanecer su perfil.

La literatura política ha descrito esos partidos y ha identificado a muchos de ellos. La populista Unión Cívica Radical argentina es uno de los ejemplos más citados. Pero para mejor comprensión se puede utilizar como modelo Convergència Democrática de Catalunya, una organización verdaderamente transversal cuyo único denominador común es el nacionalismo y en el que caben todas las ideologías y tendencias siempre que se supediten al objetivo identitario. Como ha destacado Matas Dalmases en un artículo reciente, Pujol definió CDC como un “partido para el gobierno de la gente” (octavo congreso de 1989), definición se deslizó después hacia esta otra: “partido de gente con valores” (último congreso, 2012).

No hace falta aguzar la capacidad de observación para ver que Podemos marcha precisamente en esta dirección. En sus comienzos se lanzó a la arena con algunas propuestas rotundas y radicales: crear un salario máximo, establecer una renta básica, jubilación a los 60 años, jornada de 35 horas, prohibición de despedir en las empresas con beneficios, eliminación de las ETTs, recuperación del control público en los sectores estratégicos de la economía: telecomunicaciones, energía, alimentación, transporte, sanitario, farmacéutico y educativo, etc. Todas ellas constan en el “Documento final del programa colaborativo” de 36 páginas con que el partido se presentó a las europeas del pasado mayo. Entonces cabía hablar de una formación de “izquierda radical”.

Sin embargo, el discurso se ha ido dulcificando, las propuestas más radicales se han retirado o matizado y el líder de la organización, que tiene un gran rigor con las palabras, se ha ubicado en una posición centrista -típica de los partidos catch-all- y ha manifesta?” porque este binomio, a su juicio, ya no sirve de referencia en los procesos políticos contemporáneos. Más recientemente, portavoces de la organización han pedido expresamente el voto a los electores de todos los partidos, lo que constituye un explicitación de la referida idea.

La concurrencia a las elecciones que se avecinan obligará a todos los partidos, y también a Podemos, a exponer programas y proyectos. Pero si la formación de Pablo Iglesias persiste en su calculada ambigüedad, puede terminar creando un problema de gobernabilidad si, como parece previsible, desaparecen las mayorías absolutas y se hacen necesarias las coaliciones para formar mayorías. En las democracias parlamentarias de nuestro ámbito, las coaliciones de gobierno se forman con partidos contiguos, pero no es fácil pactar con grupos políticos que declinen ubicarse y que se oculten bajo las grandes palabras. Así por ejemplo, al referirse al conflicto catalán, la posición de ‘Podemos’ es inefable: “no somos ni independentistas ni unionistas: somos demócratas”.

Habrá que ver si el electorado de este país, una parte del cual se ha ilusionado con la propuesta de cambiar las cosas a través de nuevas organizaciones, transige a la hora de la verdad con la indefinición que responde a la mencionada estrategia. Porque la ambigüedad no infunde confianza y la transparencia no sólo consiste en asegurar la integridad material y moral de políticos e instituciones: también en la claridad de los enunciados, en la lealtad a la palabra dada, en la adopción de estrategias rectilíneas y sin dobleces.

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