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El reposo del guerrillero

Las vacaciones de Pablo Iglesias son ecológicas, ya que se refugia en una cabaña
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También los líderes, o quienes aspiran a serlo, tienen derecho a tomarse un descanso en agosto. Más que nada porque si llaman por teléfono a sus más íntimos colaboradores no lo coge nadie. Se conoce que todos están descansando de las abusivas encuestas donde ha acumulado promesas por aliviar la monotonía de sus críticas. Pablo Iglesias, que a mí me cae inevitablemente bien ya que nadie ha podido demostrar que se haya llevado algo de lo que no es suyo a diferencia de otros colegas de oficio, está en horas bajas. Lástima que coincidan con las de sus cortas vacaciones en tierra de Ávila, donde por lo menos no suda nadie. Sus días de asueto son ecológicos, ya que se refugia en una cabaña, sin más estrellas que las que divisa en el alto cielo místico. ¿Por qué llegan hasta el valle del Tiétar las murmuraciones, las cábalas y las ofertas televisivas? Quizá no haya tenido más remedio que enterarse de que en Podemos se ha propagado una lucha interna, además de la mediopensionista de siempre.

Dura profesión la de líder. Al joven universitario no le conviene aquella sentencia de Tolstoi, que aseguraba que los estudiantes nunca hacen revoluciones sino algaradas. Claro que ya no es tan joven, ni tan estudioso. En los últimos años se ha dedicado a pronunciar discursos. Una tarea que ofrece la ventaja inapreciable de que mientras se habla en un mitin no se pueden escuchar los mítines de otros oradores, ni siquiera los de Errejón o Monedero, que también tienen facilidad o fatalidad de palabra. Un poeta turco por más señas, traducido por Soliman Salom, que era medio español y medio francés sin dejar de ser turco, se hizo una pregunta aún más perturbadora: «¿Qué no habremos hecho por esta patria? Algunos de nosotros hemos muerto. Otros hemos pronunciado discursos». No es de buena educación meterle prisa a nadie y menos en agosto. Cada cosa a su tiempo.

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