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Opinion Editorial

El sablazo impositivo postelectoral

A ver si aprenden. Subir impuestos lo sabe hacer cualquiera.

Diari de Tarragona

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La lejanía de las elecciones municipales propicia la subida de impuestos a troche y moche.

La lejanía de las elecciones municipales propicia la subida de impuestos a troche y moche.

La historia se repite. La mayoría de ayuntamientos, que han mantenido congelados sus impuestos y tasas durante el año electoral, se han lanzado en tromba a una escalada de incrementos una vez superado el tiempo de las urnas. Existe la certeza, más que la esperanza, de aquí a cuatro años, cuando corresponda volver a emplazar al elector, ya habrá metabolizado el disgusto por el sablazo. No hay resquicio que se salve del afán recaudador. La vorágine impositiva alcanza los servicios fundamentales como el agua, las basuras, las pompas fúnebres... y vuelve a recrearse en el IBI que, a la chita callando, se está convirtiendo en un calvario que lastra las economías domésticas. Ya ni siquiera sirve la estratagema de fraccionar los pagos para paliar el dolor que supone sufragar de una vez el impuesto por el derecho a vivir en tu casa. Evidentemente el IBI es la graciosa concesión del Estado a los ayuntamientos para que costeen sus numerosos dispendios. En algún punto se deberá poner fin a esta práctica de dar patada al problema para que repercuta siempre en el bolsillo del contribuyente. A los ciudadanos les gustaría que alguna vez los problemas de financiación de los servicios municipales se resolvieran por la vía de la mejora de la gestión y el recorte de los gastos superfluos. Muy recomendable es el análisis que recogemos en la Tribuna a cargo de Carles Ramió, c de Catedrático de Ciencia Política y Administración de la Universidad Pompeu Fabra que, en el contexto actual, «los ayuntamientos necesitan unos modelos organizativos y unos mecanismos de gestión robustos, pero también ágiles, flexibles y contingentes». El profesor alerta de que la política tiende a invadir el espacio estrictamente profesional generándose un modelo politizado de carácter clientelar que impide una buena gestión pública. «Despolitizar la Administración es la mejor estrategia para alcanzar un mejor rendimiento institucional y optimizar la calidad de los servicios», concluye. Que tomen nota. Subir impuestos lo sabe hacer cualquiera.

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