En la Galicia profunda

ÁLEX SALDAÑA

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Una jueza de Marbella ha otorgado la guardia y custodia de un menor de 13 meses a su padre, después de que la madre se llevara al menor sin consensuarlo con su exmarido, de forma «unilateral» y con una actitud «caprichosa, egoísta, inmadura, agresiva e irrespetuosa», a una aldea de Galicia. Uno lee el auto y no tiene dudas de que la decisión de la magistrada está perfectamente fundamentada. En efecto, no hay nada fuera de lo normal, si no fuera porque su señoría se ha permitido criticar que la madre se haya llevado el niño a una «pequeñísima población en la Galicia profunda, lejos de todo», en lugar de mantenerlo en «una ciudad cosmopolita como Marbella, que tiene todo tipo de infraestructuras, con todo tipo de colegios para poder educar a un niño, con un buen hospital…». Y, como no podía ser de otra manera, ha saltado la polémica, que ha llegado incluso hasta el parlamento gallego, donde se han sentido ofendidos y han defendido las bondades de la «Galicia profunda» para criar a un niño. Evidentemente, quienes somos de pueblo podemos dar fe de las ventajas que tiene crecer en uno, donde los niños pueden jugar en la calle bajo la vigilancia de todos los vecinos, una libertad de la que no disfrutarían en una ciudad «cosmopolita como Marbella». Aunque sería injusto no reconocer las ventajas de vivir en una ciudad con todos los servicios. En definitiva, esta argumentación de la juez ha servido para que el ruido de la anécdota oculte el fondo de su decisión. Y es que aquí somos más de buscar la polémica banal sin mirar más allá. Y nos atrevemos a juzgar. Así nos va…

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