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En un país serio

Al mes de formar gobierno Macron, ya han tenido que dimitir cuatro ministros

Enrique Arias Vega

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Cuando en España se produce algún desatino social o político, solemos escandalizarnos acomplejadamente diciendo «en un país serio esto no pasaría».

¿Seguro? ¿Cuáles son esos países serios? ¿Por qué lo son? Al decirlo, no nos referiremos probablemente a nuestro vecino Portugal. Allí, un incendio forestal acaba de dejar 64 muertos y la sensación unánime de incompetencia absoluta de las autoridades a la hora de afrontarlo. Si hubiese sucedido en España, ni les cuento. Tampoco podemos atribuirle seriedad alguna al Reino Unido, sumido en el caos de un Brexit innecesario, costoso y de final imprevisible, de un terrorismo creciente y de una obvia ineptitud gubernamental para atajarlo. Más lejos, tenemos a una Grecia que no levanta cabeza, hundida en la pobreza, dependiente de la ayuda exterior y con una política errática y contradictoria: su jefe de Gobierno, Alexis Tsipras, primo ideológico de Podemos, ganó un referéndum contra las medidas económicas de la troika y al día siguiente aprobó en el Parlamento justamente todo lo contrario. Podríamos seguir indefinidamente con más ejemplos, pero quedémonos en la vecina Francia, donde al mes de formar Gobierno Emmanuel Macron, han debido dimitir ya cuatro ministros, cuatro, por diversas irregularidades. Todo un récord.

Ya ven qué seriedad. 

Pero, para récord, el de Estados Unidos, que ha elegido un presidente extravagante y ridículo, Donald Trump, que gobierna (es un decir) a base de tweets, que merece más atención de los psicólogos clínicos que de los analistas políticos y que cualquier día va a tener que ser inevitablemente removido de su cargo.

Si todos estos y muchos otros más son países serios, que venga Dios y lo vea. 

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