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Errar en la tempestad

Como ya se reconoce en el PP, el encarcelamiento de políticos ha sido un error garrafal del Estado

Josep Moya-Angeler

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La teoría americana del consuelo, por la que errar es normal («un acierto, cuatro errores», dicen), no se sostiene si se está en plena tempestad. Sentir orgullo por los errores, cuando el tifón arrecia, es de estúpidos. Vamos a contar algunas de las docenas de errores mientras no amaina el temporal en Catalunya. 

Primer error: convocar elecciones el 21-D porque Jorge Moragas está convencido (se lo ha dicho una encuesta) que ganará el unionismo. ¿Aún hay políticos que se fían de las encuestas? Lo peor es que Rajoy, no sabiendo qué hacer, confía en ganar jugando a la ruleta.

Segundo error: Puigdemont actúa de manera que muchos catalanes no acaban de comprenderlo y están desconcertados. Estas elecciones las puede ganar el independentismo si hace una profunda tarea didáctica (como hace Artur Mas). Los mensajes no han de ir dirigidos hacia Madrid ni hacia la UE. El público-objetivo es la población que vota.
Más errores: El PSC ficha a Espadaler, mientras va perdiendo alcaldes y militantes. Ya nadie se acordaba de él. En las últimas elecciones encabezó un partido que no logró un solo escaño. 

Seguimos: Para librarse de la cárcel, Forcadell y la mesa del Parlament dicen que la declaración de independencia fue descafeinada. Es un paso atrás mal recibido en la población. Una persona –y más si es político– debe aceptar las consecuencias de lo que dice y hace aunque le cueste la cárcel. Y en Madrid se aprovecha para decir una falsedad: que reniega del Procés y avala el 155.

Más: Como ya se reconoce en el PP, el encarcelamiento de políticos ha sido un error garrafal del Estado, hasta el punto de que el Supremo desautoriza al fiscal y a la Audiencia, para rectificar y liberar a cuantos pueda. Algo increíble en la historia de la Justicia española. Como dijo Pacheco, exalcalde de Jerez, «en España, la justicia es un cachondeo».

Sigue la lista: Hacienda tiene intervenidas las cuentas de la Generalitat, el Estado paraliza el puerto de Barcelona, se firma un decreto para que las empresas huyan de Catalunya y se aplica el artículo 155. Y luego suelta que el descenso de actividad económica es por culpa del Procés. No nos engañemos, la actividad desciende porque la economía está intervenida. La interventora es la hermana de la juez que ha dictado prisión para los políticos catalanes. 

El precio de tanto error, ¿debería notarse en las elecciones del 21-D? ¿Podríamos decir que las ganará quien cometa menos errores, lo cual es tristísimo? Nadie lo sabe. La mente humana, y las urnas, son inescrutables. 

Tanto error parece imposible en momentos en que necesitando microcirugía se blande un hacha. «Franco ha vuelto» rezan las pintadas en Barcelona. Como dijo Antonio Maura cuando al camarero le estalló la botella de champán tratando de degollarla con un sable: «los experimentos, en casa y con gaseosa».

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