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Fantasmadas electorales

Cuando llegan unas elecciones muchos pierden la vergüenza. Parece que todo vale para el bien del partido. Y no es así
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Se imaginan a un maestro presentarse a las elecciones sindicales de una empresa de la construcción porque en ésta no hay ninguna lista de su sindicato? Nos parecería incluso cómico. ¿Qué tiene que saber un maestro sobre el mundo del tocho?, nos preguntaríamos muchos. Esto, que parece esperpéntico –para definirlo de alguna manera–, es lo que está sucediendo actualmente en los momentos previos a las elecciones municipales. Partidos políticos que no tienen representación en un determinado municipio cogen a una persona de una localidad situada a decenas de kilómetros, lo ponen como cabeza de lista y forma una candidatura. ¿Que no ha pisado nunca el pueblo? Qué más da, lo importante es que el partido tenga su lista.

Seguro que es legal, pero vergonzoso y una falta de respeto a las personas de estos municipios con listas fantasmas, como los definen algunos. Así seguro que estos partidos –a la mente me vienen principalmente dos– pueden presumir de presentar en estos comicios centenares y centenares de candidaturas. Todo con el objetivo de hacer ver a los electores que no están a la baja, de conseguir más dinero –por cada voto hay asignada una determinada cantidad– y, paralelamente, chupar de las arcas públicas.

Realmente, cuando llegan unas elecciones muchos pierden la vergüenza. Parece que todo vale para el bien del partido. Y no es así. Tiene que haber una falta de respeto al ciudadano. Estoy seguro de que los votantes de estos municipios con listas fantasmas serán mucho más sabios y listos que los políticos.

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