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Ferrer i Guàrdia, el mártir de la libertad de pensamiento

Estos días se habla mucho de Josep Carner pero poco de la figura catalana más conocida en Bruselas: Francesc Ferrer i Guàrdia, fun-dador de la Escuela Moderna y fusilado en 1909 por el Gobierno de Maura
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Parece que a este mes de diciembre le ha dado por hacer de mes de diciembre. Es decir, hace frío y eso domina en parte nuestras vidas. Porque la constatación de frío en invierno y calor en verano, por motivos que se escapan, nos causa asombro, enojo y perplejidad. Todo esto para decir que los miles de catalanes que llegan hoy a la capital belga se van a encontrar con verdades como puños: cuando el grajo vuela bajo hace un frío de carajo. Y los grajos hace días que van volando a ras de suelo. Llovizna persistente, nubes plomizas…Bruselas, la vieja ciudad flamenca, de mayoría francófona, sumida en su perenne caos de obras mastodónticas, acoge a miles de catalanes con ganas de revindicar. 

Estos días en la prensa se habla mucho de Josep Carner pero se evoca poco la figura catalana más conocida en Bruselas: Francesc Ferrer i Guàrdia, fundador de la Escuela Moderna y fusilado en el castillo de Montjuïc el 13 de octubre de 1909 por el Gobierno autoritario de Antonio Maura, constituye desde hace casi un siglo una figura venerada en Bruselas como mártir de la libertad de pensamiento. A pesar de la activa oposición de las autoridades españolas, la capital belga erigió de inmediato por suscripción popular un monumento en su memoria. La estatua se encuentra desde 1984 en la avenida Franklin Roosevelt, mirando al edificio histórico de la Universidad Libre de Bruselas, a donde se trasladó coincidiendo con el 75° aniversario de su fusilamiento. El monumento es una figura humana levantando una antorcha hacia el cielo, que simboliza la llama de la libertad de pensamiento y la luz que aporta el conocimiento racional. En el pedestal, una inscripción recuerda su fusilamiento como «mártir de la libertad de conciencia». Más abajo se reproduce una frase de una de sus cartas: «La enseñanza racionalista puede y debe todo discutir, colocando a los niños en la vía simple y directa de la investigación personal».

Oleada de protestas 

Ferrer i Guàrdia fue condenado a muerte por un consejo de guerra que lo acusó de haber sido uno de los instigadores de los sucesos de la Semana Trágica de Catalunya de julio de 1909. Su condena a muerte y su posterior ejecución levantaron una oleada de protestas por toda Europa y América, y también en España, que acabaron provocando la caída del gobierno de Maura.

La reacción al proceso contra Ferrer Guardia provocó una gran agitación en la intelectualidad extranjera, si bien en la contraparte española no habría apenas eco, contando Ferrer eso sí con el apoyo de personajes como Joan Maragall o Gabriel Alomar. Entre los desafectos, Unamuno y Azorín, que atacaron lo que consideraban una campaña antiespañola en la prensa europea. 

Mamarracho, monomaniaco

Unamuno tuvo palabras muy duras para él, tanto en público como en privado, llegando a calificarle por carta a un tercero de «mamarracho», «mezcla de loco, tonto y criminal cobarde» y «monomaniaco con delirios de grandezas y erostratismo».
A raíz del proceso y ejecución de Ferrer i Guàrdia, The Times dijo: «Por negligencia o estupidez, el gobierno ha confundido la libertad de instrucción y conciencia, el derecho innato a razonar y expresar su pensamiento, con el derecho de oposición, asimilándolo a una agitación criminal». Anatole France en carta abierta afirmaba: «Su crimen es ser republicano, socialista, librepensador, haber creado la enseñanza laica en Barcelona, instruido a millares de niños en la moral independiente, su crimen es haber fundado escuelas».

Como es sabido, al mes de diciembre le da por ser mes de diciembre y a la historia por ser historia. Una sensación de bucle en el que las estaciones se repiten y las historias también. 

*Nacida en Tarragona Natàlia Rodríguez empezó a ejercer en el Diari, trabajó en la Comisión Europea y colabora con diversos medios. Vive entre París y Barcelona.

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