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Genios que no soportaron la escuela

Las malas notas de Edison no se debían a su torpeza, sino al clima de miedo del profesor Engle

Gerardo Castillo

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El caso de los genios que en su día fueron considerados alumnos incapaces por sus profesores no es infrecuente. Tampoco lo es el de profesionales mediocres que fueron los primeros de la clase. ¿Cómo explicar esta aparente paradoja?

Los primeros se aburrían y se rebelaban ante una enseñanza limitada a la transmisión de conocimientos enlatados. Al no encontrar salidas para su curiosidad intelectual las buscaban fuera de la escuela. Si se hubieran adaptado a ese sistema, probablemente sus especiales aptitudes se habrían estancado.

Los segundos se plegaban de forma pasiva y acrítica al sistema. Su objetivo no era aprender, sino obtener buenas calificaciones mediante un estudio memorístico. Sabían que la repetición literal de lo trasmitido por los profesores les garantizaba aprobar. Esto era lo habitual en la “Escuela Tradicional” En ella fueron considerados “malos alumnos” genios como Gaudí, Einstein, Edison, Hitchcok y Jobs. (Castillo, G. La cuna del genio, 2015).

En la Escuela Tradicional el protagonista era un maestro autoritario, que utilizaba solamente el método expositivo para transmitir saberes acabados.

Thomas Edison

El niño que tuvo que abandonar prematuramente la escuela primaria por ser considerado muy torpe por sus profesores, llegaría a ser uno de los inventores más importantes del siglo XX. Las malas calificaciones de Thomas no se debían a su torpeza, sino al clima de miedo que implantaba el profesor Engle, unido a su nula capacidad para hacer interesante cualquier materia. El niño rechazaba aprender todo de forma memorística.

Alfred Hitchcock

A los 11 años sus padres le internaron en un colegio con férrea disciplina que incluía castigos humillantes, lo que despertó en él un complejo de culpa que nunca le abandonaría y que sería un tema recurrente en sus geniales películas de intriga y suspense. A los 13 años era un alumno corriente y desmotivado en todas las asignaturas, debido a que no encontraba respuestas en ellas para sus inquietudes. En cambio, le apasionaban las lecturas sobre crímenes.

Steve Jobs

El creador de Apple y Macintosh se aburría mucho en las clases de primaria porque odiaba “memorizar datos estúpidos”. En la secundaria no le atraía el ambiente académico, por considerarlo artificial y fuera de la realidad; prefería el ambiente de trabajo en el taller de mecánica de su padre. Cuando más adelante ingresó en el instituto Homestead se mostró muy interesado por las matemáticas y la electrónica. En uno de los primeros veranos consiguió un trabajo en el departamento instrumental de Hewlett-Packard. En esa empresa vio por primera vez una computadora, quedando muy impactado.

El movimiento pedagógico de la Escuela Nueva, que se desarrolló a fínales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX, fue una buena alternativa a la enseñanza tradicional; sus innovaciones nos permiten ser aún más conscientes de las limitaciones del pasado.

Aunque alumbró nuevas corrientes pedagógicas, como Montessori y la Escuela de Decroly, que se proponían adaptar la enseñanza a los intereses del niño, fueron experiencias aisladas, frenadas por la inercia o resistencia al cambio, que apenas sirvieron para modificar el método de las escuelas antiguas. Se pretendía convertir al niño en el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje. El profesor dejaba de ser un mero “instructor” para convertirse en un guía del proceso enseñanza-aprendizaje. Se sustituyó el verbalismo y el memorismo por el autoaprendizaje a través de la actividad y de la experiencia.

El autoaprendizaje experiencial demostró ser muy motivador, pero también que tenía riesgos, como se ve en una información periodística:

“Una escuela progresista incita a los estudiantes a descubrir por sí mismos el heliocentrismo y el origen del hombre. Durante uno de los experimentos varios niños han sufrido quemaduras y otro ha sido amenazado por los demás, tras afirmar que los humanos y los gatos podrían tener un ancestro común”.

Sugiero una sencilla autoevaluación para quienes han elaborado el actual sistema educativo español y para quienes lo están aplicando:

1 ¿Cuántos alumnos siguen hoy desmotivados en escuelas de perfil tradicional, donde las clases consisten en una exposición oral del profesor de la que los alumnos toman apuntes que son suficientes para aprobar los exámenes?

2 ¿Cuántas incoherencias inadvertidas suelen cometer quienes se consideran profesores progresistas? Episodio de una reciente viñeta humorística: un profesor señala a sus alumnos con un viejo puntero de madera una frase escrita con tiza de yeso en la vieja pizarra: “el ordenador electrónico es muy útil para aprender”. Debajo pone: “la d con la e, de; la m con la a, ma”.

Sería muy interesante incluir esas dos preguntas en una encuesta. Probablemente la mayoría de las respuestas serían similares a los resultados del Informe PISA.

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