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Grecia como lección

El temor a la ruptura de la zona euro es un arma que los díscolos utilizarán desde ahora para conseguir excepciones ventajosas
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Es bien evidente que la Unión Europea no podía permitir la salida forzada de Grecia de la Eurozona por las discrepancias entre el actual gobierno heleno, que prometió a sus electores el fin de los recortes, y las instituciones supranacionales que mantienen unas mismas reglas de juego para todos. La ruptura hubiera supuesto, como mínimo, un grave quebranto de la solidez de la moneda única, y quién sabe si hubiese tenido consecuencias mucho mayores sobre el sistema financiero (nadie sabe, en realidad, la magnitud de la hipotética catástrofe, y quienes la niegan son los mismos economistas que negaron la crisis cuando la tenían ante sus ojos). Dicho esto, hay que reconocer que la benevolencia con que la Eurozona ha tratado a Grecia -terminará disfrutando de unas condiciones mucho más suaves que las que se impusieron a los demás países afectados por la crisis- sienta un pésimo precedente: el temor a la ruptura de la zona euro es un arma que los díscolos utilizarán para conseguir excepciones ventajosas. Lo que a su vez demuestra la gran debilidad política de la UE, que le obliga a aceptar esta clase de chantajes. Sólo una verdadera unión política, con unos poderes democráticos de rango europeo, podría evitar en el futuro nuevas disidencias nacionales que minen los propios fundamentos de una divisa común que es extremadamente frágil si no se fundamenta sobre una auténtica comunidad política. La gran asignatura pendiente.

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