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Grecia, no hay más cera que la que arde

Tsipras había ganado las elecciones bajo la promesa de no transigir a la austeridad, pero fuera del euro hace mucho frío
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La facilidad con que Tsipras ha accedido a complacer a sus acreedores después del referéndum del pasado domingo ha podido parecer sorprendente a quienes pensaron que la consulta era en realidad lo que parecía: un arma para luchar contra las exigencias excesivas de las instituciones que financian los rescates y que tutelan la recuperación de Grecia. Sin embargo, es cada vez más claro que tanto el referéndum como la pasividad del Ejecutivo de Atenas ante el corralito, que podía haberse evitado si el acuerdo hubiese llegado antes, han sido los hitos de una estrategia muy bien meditada que tenía como finalidad hacer digerible el acuerdo tanto a la sociedad griega como al ala dura de Syriza. En efecto, este partido había ganado las elecciones con la promesa de no transigir a las presiones a favor de la austeridad y los recortes provenientes de Bruselas. El triunfo del ‘no’ ha reforzado a Tsipras en Syriza y el corralito ha hecho ver a los griegos lo que pasa cuando el país sale de la ortodoxia impuesta por los acreedores. En estas condiciones, es mucho más fácil imponer los sacrificios que se avecinan. Porque ha quedado de manifiesto que fuera del euro hace mucho más frío, incluso en estos tiempos de patológica canícula. En definitiva una cosa es la estrategia política y el teatro que le quieran aplicar los advenedizos de la cosa pública y otra muy distinta la realidad pura y dura que acaba situando a cada cual en el sitio que le corresponde.

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