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Opinion EDITORIAL

Hemos confundido el enemigo

El Gobierno francés acaba de ordenar el control de la venta de sustancias como la acetona que permiten fabricar explosivos. Aquí estamos ocupados en otras cosas

Diari de Tarragona

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El conseller de Interior y el 'major' de los Mossos en rueda de prensa. ANDREU DALMAU (EFE)

El conseller de Interior y el 'major' de los Mossos en rueda de prensa. ANDREU DALMAU (EFE)

Mientras en nuestro país hemos optado abiertamente por el camino de lanzarnos los trastos a la cabeza y de utilizar sin miramiento alguno el terrorismo como arma política, nuestros vecinos de Francia han tardado apenas unos días para aprender de los atentados acaecidos en Catalunya y adoptar nuevas medidas que se lo pongan más difícil a los criminales. En efecto, un decreto publicado ayer jueves por el Gobierno francés hace obligatoria la identificación y el registro de cualquier persona que quiera adquirir en territorio francés productos que puedan servir para fabricar explosivos caseros. El comprador de estas sustancias deberá además especificar el uso que pretende darle al producto. El  decreto busca sobre todo impedir la fabricación de TATP, conocido como la madre de Satán. Este explosivo es frecuentemente utilizado por el autodenominado Estado Islámico (ISIS) en sus atentados y es el que estaban fabricando los terroristas en la casa de Alcanar. Fue precisamente un fallo en la manipulación de las sustancias utilizadas como materia prima lo que provocó la explosión que dio al traste con los planes, mucho más mortíferos, de los terroristas. Entre las sustancias más conocidas que se utilizan para fabricar explosivos está la acetona, un producto popularmente usado como disolvente pero que es también el principal componente del TATP, o el peróxido de hidrógeno, que se halla en productos como los usados para la decoloración del cabello. Según las primeras investigaciones, los terroristas de la célula de Ripoll habían acumulado 500 litros de acetona en la casa de Alcanar, evidentemente sin levantar ninguna sospecha y sin que conste ningún control sobre cuándo y dónde consiguieron tal cantidad de dicha sustancia. Convendría que el Gobierno español copiara de forma inmediata el decreto francés para incorporarlo a los procedimientos de lucha antiterrorista, siempre y cuando las luchas intestinas para desacreditar el trabajo de nuestros cuerpos de seguridad, permitan liberar un poco de tiempo para estas minucias francesas.

 

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