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Huéspedes indeseables

¿A quién votarán los jóvenes? se preguntan los innumerables sociólogos

Manuel Alcántara

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Todos los radicales y muchos de los terroristas que vagaban por París y Bruselas se están dando una vuelta por España, con ocasión de celebrar la llamada Fiesta del Trabajo, que la conmemoran los que no tienen trabajo. La efeméride se ha desarrollado entre la protesta laboral, bastante moderada, y la violencia política, por ahora suficientemente domesticada. Tolstói, que nunca ganó el Nobel, decía que los estudiantes no hacen revoluciones porque se conforman con hacer algaradas. Tampoco los que comen algo las promueven y lo habitual es que deleguen en los hambrientos. El hormiguero europeo lleva años alborotándose a fecha fija y cientos de miles de personas, incluidos los líderes sindicales, han protestado contra la pobreza salarial y social y después se han ido a sus casas a ver si salían en la televisión, con sus amigos y sus pancartas. La verdad es que están muy ocupados buscando los pactos más beneficiosos para que no les falte su ocupación. Los más animosos son los de Podemos, que tratan de unir a todas las fuerzas a la izquierda de los socialistas, que ya no están muy seguros de ser el PSOE. ¿A quién votarán los jóvenes?, se preguntan los innumerables sociólogos. El Congreso votó hace una semana, día más o menos, una iniciativa de ERC para bajar la edad del sufragio a los 16 años, lo que supondrían 800.000 nuevos votantes. Así que lo que hay que decir es «sea lo que ustedes quieran» y tengan más suerte que sus mayores.

Hay que refugiarse en Cervantes, que es nuestro amigo intemporal. Don Miguel es el anfi- trión porque su casa es España y abarca el mundo. Ayer, sin ir más lejos, conocí a dos jóvenes del Instituto Cervantes que se parecían mucho al que yo era cuando tenía su edad. Antonio Ayuso y Luis Yugo son como yo era cuando aún creía que el mundo es una finca manifiestamente mejorable, pero con menos alternativas, siempre un poco más estólidos que sus predecesores. No ignoro que hay una segunda inocencia que da en no creer en nada, pero si me preguntan a quién voy a votar no puedo responder, porque no lo sé. Me han engañado demasiadas veces y yo no quiero engañar a nadie. Cervantes no se presenta.

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