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Infartos a deshora

Podemos ahorrarnos algunas muertes. Es cuestión de prioridades
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Desde su farmacia de Torreforta Enrique Gheron sirvió a sus clientes con profesionalidad y una bondad sin límites que le llevaba a hacerles pequeños obsequios. Parece que el Día de Navidad el destino le pedía el mayor de todos: morir de un infarto a deshora para que, de una vez, se resolviera en Tarragona la vergüenza de que la unidad de hemodinámica no funcionara las 24 horas del día.

No quiero creer que el hecho de que la ampliación horaria no encuentre oposición en Madrid, de donde vienen todos los males, haya restado aliciente a los dirigentes que gobiernan desde Barcelona. Ahora hay el compromiso de resolverlo en 2015, pero mejor en febrero que en diciembre. Podemos ahorrarnos algunas muertes. Es una cuestión de prioridades.

Cuando alguien fallece es un tópico decir: «Murió porque le llegó su hora». Que en Tarragona no pueda decirse ya: «Murió porque no llegó a la hora».

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