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Justicia, ¿qué justicia'

Todos somos iguales ante la ley, pero no ante los jueces. ¿Para qué disimular'
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‘Es hora de que caiga usted plenamente en la cuenta.» escribe Dos Passos en su libro sobre el caso mítico de Sacco y Vanzetti, apelando al lector a pensar sobre el efecto corrosivo de una justicia al dictado del interés político. En España es fácil recordar textos como ése –el caso ha perdurado en la memoria sentimental por la canción de Joan Baez– como ahora con la batalla aritmética sobre Ruz o la sombra del juez Pasquau sobre los ERE, un catedrático granadino elevado por el PSOE al Tribunal Superior capaz de absolver a Gordillo a pesar de las evidencias grabadas. Como ironizaba el Barón Tusch-Letz, uno de los grandes aforistas del siglo, todos somos iguales ante la ley pero no ante los jueces. Pasquau está marcado, y alguien se preguntaba estos días: ¿cómo se puede pretender que instruya el saqueo de los ERE en el TSJA un magistrado como Pasquau, promovido a instancia del partido de los investigados? Pues sí, cuesta. Pero aquí cada cual se acuerda de Santa Bárbara solo si truena por babor o estribor. Ahí va otro titular de días atrás: «El juicio de Gürtel toca por reparto a una juez aupada por el PP al Poder Judicial». Es Concepción Espejel –Concha para su amiga Cospedal–, vocal en el Consejo por el PP. O este otro de abril: «Dos jueces que aupó el PP cercanos a Matas revisarán su condena por cohecho». Hay decenas, y delatan un sistema enfermo: jueces con sello PSOE o sello PP, como divisas de ganadería. Incluso el presidente del Tribunal Constitucional era militante de carné. ¿Para qué disimular? La lista es larga. No hace demasiado, más de un millar de jueces firmaban un manifiesto por la despolitización y la independencia judicial. Sin medias tintas balsámicas. Y contra la voluntad de mantener la fe en la moral colectiva que defiende vigorosamente el filósofo J. Gomá, ese manifiesto ni siquiera levantó ampollas.

La politización está asumida con naturalidad por el trincherismo nacional. Unos dicen, en plan Berlusconi, que los jueces son «comunistas y feministas», y otros que «una casta de fachas»; en definitiva partidismo tosco, nada parecido a la duda ética.

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