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La diplomacia, la única salida

Los recelos entre los antiguos bloques no se han disipado completamente y dificultan el establecimiento de una paz pactada
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El hasta hace poco fenecido eje franco-alemán ha resucitado felizmente para poner un punto de cordura en el contencioso europeo con Rusia en relación a Ucrania. Y cuando empezaba a hablarse de la posibilidad de que Occidente comenzase a armar a Ucrania -el secretario de Estado norteamericano ha visitado Kiev con este asunto en cartera- para que lo que queda del Estado ucranio pudiera enfrentarse al separatismo prorruso instigado por Moscú, Merkel y Hollande han decidido visitar a Putin para conseguir un arreglo definitivo. Atizar una guerra a 300 kilómetros de Moscú es definitivamente una mala idea, y más cuando el régimen ruso está en manos de un populista corrupto que disfruta pese a todo de gran apoyo social. Al fin y al cabo, los recelos entre los antiguos bloques no se han disipado completamente y es lógico que Moscú quiera cultivar un cierto hinterland, después de que Occidente recuperara para sí los países europeos que cayeron detrás del telón de acero al concluir la Segunda Guerra Mundial. El plan de Merkel y Hollande incluye el mantenimiento de las viejas fronteras, pero la clave de la paz puede estar en el compromiso de que Ucrania no será admitida de momento en la OTAN y se convertirá por tanto en un territorio neutral. El establecimiento de un cordón sanitario que tranquilice a Moscú puede alejar el peligro de un estallido que hubiera podido tener consecuencias imprevisibles.

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