La importancia de la educación

Reconstruir este país después de la Covid-19 será una tarea hercúlea que no debería limitarse a procurar que, en lo posible, al término de la pandemia las cosas vuelvan a ser como eran en enero

Diari de Tarragona

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Foto: Wikipedia

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Reconstruir este país después de la Covid-19 será una tarea hercúlea que no debería limitarse a procurar que, en lo posible, al término de la pandemia las cosas vuelvan a ser como eran en enero. Con independencia de que tal designio es imposible, lo lógico e inteligente no es devolver a la vida lo anestesiado sino aprovechar la coyuntura para promover un salto cuantitativo, para impulsar los procesos de modernización pendientes, para acelerar empresas –la lucha contra el cambio climático, la digitalización– que necesitaban un catalizador y un incentivo para ponerse en marcha. Y es muy dudoso que, como pretende la comisión de reconstrucción creada en el Congreso, semejante especulación intelectual pueda realizarse en menos de dos meses, en los ratos libres que sus múltiples ocupaciones dejen a un grupo de parlamentarios de segundo nivel. El plan de trabajo de la comisión que fue planteado inicialmente por los socialistas estaba formado por cuatro bloques: sanidad, reactivación económica, políticas sociales y Unión Europea. La educación estaba incluida en el bloque de reactivación económica, pero finalmente, en el documento constitutivo, ha pasado al de políticas sociales, cuya tarea se guiará por la siguiente descripción oficial: «Acordar medidas para el refuerzo de nuestro sistema de protección social y de los cuidados, de forma que se pueda garantizar la dignidad y el bienestar de las personas que resulten más vulnerables como consecuencia de esta crisis. Se tratarán también las políticas educativas y culturales». No hace falta aguzar el ingenio para entender que la cuestión educativa queda como un estrambote irrelevante en el soneto de la preocupación social. Sus señorías no han entendido que este país, que apenas dedica a la educación el 4,2% del PIB (está en la parte baja de la UE), saldrá de la crisis si consigue ganar productividad gracias a la reforma intensa y lo más consensuada posible del modelo educativo y a una inversión creciente en I+D que al menos nos iguale a los países del entorno, que hoy nos doblan en semejante partida estratégica.

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