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La lección de Gabilondo

Se acabaron los ensayos con políticos presuntamente corruptos
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La designación del catedrático de Metafísica Ángel Gabilondo como candidato socialista a la presidencia de la Comunidad de Madrid puede marcar un antes y un después en el obligado rito de la selección de candidatos. Su reciente comparecencia pública con los bolsillos vacíos de prebendas, sin alharacas retóricas de las que otros abusan, sin pánico a esbozar una futura alianza de izquierdas, siempre que esté presidida por el buen hacer, han conseguido modificar en poco espacio de tiempo el escenario preelectoral.

Tanto es así, que la parsimonia con la que el presidente Mariano Rajoy maneja los tiempos para anunciar los nombramientos de muy determinados candidatos, ha sido al final un gran acierto, al menos en lo que respecta a la Comunidad de Madrid. ¿Cómo presentar ahora al actual presidente, Ignacio González, muchos años compañero de partido y de Gobierno de consejeros imputados hasta las cejas en la trama Gürtel, y del encarcelado Francisco Granados, supuesto cerebro de la red Púnica? ¿Cómo apostar por un candidato que las últimas encuestas dan como ganador muy a la baja, que mantiene por tanto al PP madrileño en caída libre?

No es que al partido socialista, precisamente, le sonrían los numerosos estudios sobre intención de voto en la comunidad madrileña, al menos hasta la defenestración de Tomás Gómez. Todo lo contrario. Pero como la futura gobernabilidad del territorio apuntaría hacia un novedoso acuerdo tripartito, en esa situación Ángel Gabilondo tendría, como mínimo, mucho que decir. De él ha opinado otro cátedro buen amigo suyo, José Manuel Rodríguez Uribes, que supone «el reencuentro entre la política y el pensamiento».

Sin necesidad de llegar tan lejos, la búsqueda de candidatos honorables, de políticos reputados capaces de asumir grandes responsabilidades, así como de reconocer errores, marcará tendencia en este año, rabiosamente electoral. Un empeño en el que el denostado Podemos consiguió ganar bastantes enteros en su inicial salto a la cancha, hasta que su número tres, Juan Carlos Monedero, se dio de bruces con sus bien remunerados estudios sobre la moneda única bolivariana.

Se acabaron los ensayos con políticos presuntamente corruptos, pero expertos en el acopio de votos. Ahora, la ciudadanía les daría la espalda. Ahí está también la posibilidad de que el granadino Luis García Montero, poeta y catedrático de Literatura, ocupe el vacío dejado por la versátil Tania Sánchez como candidata de IU a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

Cuando las habituales marcas de fábrica han perdido atractivo, la reputación de sus cabezas visibles se convierte en condición imprescindible. Además, como recuerda el catedrático de Sociología y exministro de Felipe González, Jose María Maravall, ya que los partidos compiten en un mercado político «deben responder a las demandas del público, ofrecer buenos productos y sustituir los malos». ¿Está claro?

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