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La soledad del corredor de fondo

En la vida hay idas y venidas, ciclos que se van repitiendo en el dolor y el desarraigo

Emilio Mayayo Artal

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Su nombre es Colin Smith, pero se pudo llamar de mil maneras. Lo importante es que ha habido y hay infinidad de Colin Smith a lo largo de estos años. Sin ir más lejos yo me he sentido o inclusive me siento un corredor de fondo o lo que es lo mismo, Colin Smith.

En el momento actual, cuando la sociedad parece perdida, sin un rumbo programado y con tanta basura a su alrededor, muchos apelamos al inconformismo y peleamos por la superación. Los métodos obsoletos, represivos que nos impone la sociedad no son el ideal para seguir y llaman a la rebeldía.

Alan Sillitoe nos dejo escrito un breve relato, casi un cuento, que todos debemos leer y tener siempre en cuenta. Su protagonista es el joven Colin Smith, un adolescente de clase obrera que queda huérfano y la vida se le empieza a complicar. Acostumbrado a salir corriendo después de realizar pequeñas fechorías, tras el hurto en una panadería, cae en manos de la justicia y lo mandar a un reformatorio. La acción se plasma a finales de los cincuenta en Nottingham, Inglaterra. Un vez dentro de la institución que lo va a encarrilar en la sociedad, el director percibiendo las cualidades para el atletismo y necesitando corredores para sus intereses, el competir para ganar a las otras instituciones y colegios del entorno, le propone sea uno de los componentes del equipo de atletismo y Colin acepta. Piensa que algo puede sacar en su provecho.

El relato empieza: «Nada más llegar al reformatorio me hicieron corredor de fondo». Durante sus entrenamientos, levantándose dos horas antes que sus compañeros, a las cinco de la ma- drugada, sin nada en su estómago y solamente con un pantalón corto y unas zapatillas, desahoga su frustración y su rabia corriendo. Trot-trot, paf-paf, slap-slap hacen sus pies contra el duro suelo. Mientras mete kilóme- tros a sus piernas va reflexionando sobre su vida anterior y empieza a comprender que se encuentra en una situación privilegiada en relación a sus amigos.

El gobernador del centro quiere para sí la Copa con Cinta Azul de Carreras de fondo de los reformatorios de toda Inglaterra. Una dura preparación cotidiana, cual caballo de carreras, para conseguir un trofeo que el gobernador quiere ganar a toda costa para lucirlo delante de los demás. Las reflexiones diarias de los que fue y lo que será su vida, van marcando el quehacer en los entrenamientos.

El día de la carrera, flip-flap, flip-flap, yog-trot, yog-trot, crunch-lap, crunchslap, marcan el pulso con el corredor de Gunthorpe, mientras Colin perfila su objetivo: «les enseñaré lo que significa la honradez» Una descripción brillante y un final de relato que debe ser leído por aquellos que lo quieran conocer.

Para aquellos que prefieran las imágenes a las letras, hay una versión cinematográfica excepcional. El magnífico cineasta inglés, Tony Richarson, realizó una estupenda versión en 1962. Un joven Tom Courtenay da vida a Colin Smith en The loneliness of the long distance runner. Cine de autor del denominado FreeCinema del Reino Unido con un similar en Francia de nominado Nouvelle vague ambos plasmando la cruda realidad de los tiempos que transcurrían.

En la vida hay idas y venidas, ciclos que se van repitiendo en el dolor y el desarraigo, ello fruto del maltrato psicológico y emocional. En contrapartida aparece la respuesta de los humanos: «La zorrería es lo que cuenta en esta vida, y hasta esa zorrería hay que utilizarla con la mayor malicia posible», está escrito en los inicios de la narración.

Como he mencionado al principio, en varias ocasiones de mi vida me he sentido un corredor de fondo. Uno que sabe que es desarrollar el músculo, sin olvidar el intelecto ya que en mis épocas de duro entrenamiento intelectual y también muscular, cuando uno va forjando su destino, su manera de ser, cuantas horas pasaron entre libros, historias, hechos y, como no, machacando el cuerpo con duros entrenamientos atléticos, durante ese tiempo a uno le da mucho que pensar y tener referentes para la vida. Ejemplos hay mil y uno es el mencionado en este escrito. Cuantas veces se piensa en levantar el dedo, como dice Victor Manuel en una de sus muchas canciones, pero menos son las ocasiones que lo hacemos. Sin embargo, siempre puede haber una primera ocasión. A mí me ha tocado no hace mucho. Ante la disyuntiva planteada de llevar los pantalones en los tobillos y disponer a cambio de unas prebendas, he decidido levantar el dedo, agarrar fuerte mis pantalones y ser libre en mis decisiones. Me ha salido el Colin Smith que todos llevamos dentro. No está hecha la miel para la boca del cerdo, recordando un renombrado refrán.

En la vida no todo es ir por los caminos que nos trazan, hemos de tener criterios para ir por los caminos que uno quiere ir, aunque muchas veces sean a contracorriente y ya sabemos lo que significa ir contracorriente.

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