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La última oferta

El PP y C's ganan terreno y rozan la mayoría absoluta. Es pronto para saberlo

Manuel Alcántara

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El presidente en funciones aspira a seguir funcionando y va a ofrecer a Sánchez la vicepresidencia del Gobierno. Hay que reconocerle a Rajoy que no es rencoroso. Sabe que el rencor estorba y bastante tiene con el que le profesan algunos dentro de su propio partido, pero quizá sea demasiado proponerle al fantasioso y fachendoso Pedro Sánchez que comparta el poder. El objetivo es evitar unas nuevas elecciones, que parecen inevitables. En el célebre debate televisivo, Sánchez acusó a Rajoy de «indecente» y éste, más comedido, le llamo «deleznable» por no decirle mamarracho. Se llevaron fatal, porque ninguno llevaba razón, pero los irreconciliables están dispuestos ahora a ser más amigos que gorrinos. Cosas que pasan en la cochiquera española. Las dos personas que no tenían nada que ver la una con la otra están en excelente posición para ver juntos el futuro inmediato.

Los enemigos a muerte se han amistado en vida. Esto es bueno siempre porque el rencor estorba y en muchos casos dura más que el amor o al menos tiene más lejos su fecha de caducidad. Nos gusta votar, pero no cada trimestre y el pueblo también tiene que tener sus horas de consulta porque a lo que aspira es a tener un diagnóstico. Ya está bien de antiguas querellas, que nunca se las lleva el tribunal del viento. Quizá el rencor sea una especie de gratitud al revés, pero las heridas duran siempre más que los vendajes y las cicatrices son para siempre si son hondas, aunque cambiemos la piel. Cualquier español medio puede afirmar que él no es rencoroso y al mismo tiempo garantizar, con legítimo orgullo, que a él, quien se la hace se la paga. En ese trance se encuentran los enemigos de anteayer, mientras las estadísticas, que únicamente llevan razón hasta la víspera, aseguran que el PP y C’s ganan terreno y rozan la mayoría absoluta. Es pronto para saberlo, pero se impacienta el mercurio de los barómetros. Después de la última oferta vendrán otras, no menos atractivas. Aunque no atraigan a casi nadie.

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