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Opinion EDITORIAL

La violencia que anida en la discriminación

En la última década han muerto en España 670 mujeres a manos de sus parejas o ex parejas. Con la víctima de ayer, 671

 

Diari de Tarragona

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El día internacional contra la violencia de género no podía tener peor preámbulo con un nuevo asesinato de una mujer a manos de su ex compañero. La última víctima de esta terrible lacra social se produjo ayer en Vinaròs. Una mujer de 35 años, de nacionalidad alemana, fue tiroteada por el hombre que hasta hace unos meses era su pareja. El agresor se suicidó tras cometer el crimen. Con éste son ya 45 las mujeres asesinadas en lo que llevamos de año en España, y hay otros tres casos en investigación, según la estadística del Ministerio de Sanidad. En la última década 671 mujeres han muerto asesinadas en España a manos de sus parejas o exparejas. El balance provisional de este año ya supera las víctimas por violencia de género que se registraron en 2016 en España. El dato obliga a reflexionar profundamente sobre el fondo de este grave problema social. Todas las medidas desplegadas hasta el momento se han revelado claramente insuficientes. Ni la creación de los juzgados específicos de violencia de género, ni los teléfonos que no dejan rastro de las llamadas para que la víctima pueda denunciar sin sentirse amenazada, ni la mayor información para que la mujer advierta a la policía sin temores cuando se sienta amenazada... nada ha servido ni siquiera para conseguir que la cifra de víctimas disminuya. Está claro que asistimos a un problema de raíz social más profunda. Hay datos que avalan estos temores. Según un estudio sobre Percepción de la violencia de género en la adolescencia y la juventud realizado por el CIS, un tercio de las jóvenes acepta que su pareja las controle. La mayoría de las llamadas recibidas en el teléfono gratuito del Institut Català de la Dona lo eran por situaciones de violencia psicológica. Está claro que permanece e incluso se ha incrementado el sustrato social que sigue subyugando a la mujer y que es necesario un gran cambio cultural para superarlo. Como dijo Charlotte Bunch, «la violencia sexual, racial, de género y otras formas de discriminación en la cultura no pueden ser eliminadas sin cambiar la cultura».

 

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