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Les cartes al director del dia

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Llorar y llorar

He llorado mucho en mi vida, quizás no tanto como otras personas que han sufrido directamente innumerables desgracias.

Lo primero que hacemos al nacer es llorar, malo si no es así.

Luego empieza esa lucha personal para vencer los miedos, la timidez y abrirte camino para llegar y conseguir éxitos y un bien estar en la vida, mantenerte en buen estado de salud y compartir tu existencia con familia y conocidos.

Lloras de dolor, de pena, por vergüenza tuya y de los demás, por sufrir injusticias y vejaciones, por las malas artes de personas sin escrúpulos, por praxis equivocadas o intencionadamente lesivas de ciertos elementos de la administración e incluso de aquellos que se encargan de impartir justicia.

Lloré cuando con 14 años iba de catequista al Somorrostro, la barriada de barracas ubicada en las playas de la Barceloneta. Pasaba las tardes con chicos de 8 a 16 años, jugando al fútbol y hablando con ellos de cómo era el mundo fuera de allí y de cómo podían ir avanzando en la vida.

Muchas veces lloras de emoción, incluso puedes llorar de alegría.

Lloré muchas noches cuando me enviaron a Ifni, donde permanecí 18 meses lejos de casa, separándome con 21 años de mi mujer de sólo 18 y ya con una hija de pocos meses, mientras muchos otros sin obligaciones se quedaron aquí, durmiendo cada día en sus hogares. En aquella época sólo nos podíamos comunicar por correo postal y la vida allí era muy dura.

Lloré también cuando, prestando tan importante servicio patriótico, tuve la noticia de la muerte de mi perro del alma. El pobre bicho se murió de pena. Cada día a la hora de acostarse entraba en mi habitación para darme las buenas noches... Se volvió loco buscándome... no podía entender qué había pasado conmigo. No me encontraba por ninguna parte. Después de varios meses de angustia, se murió.

Llore hace años cuando un familiar que vivía en California fue apuñalado en el interior de un autobús por un loco iluminado que se creía el Redentor y que acababan de soltar de un psiquiátrico. Volví a llorar cuando le pusieron en una rueda de reconocimiento una fila de negros y le dijeron que si identificaba a uno de ellos como el autor, el caso podría cerrarse enseguida y no tendría más problemas... el autor de la agresión fue un blanco y ¡todavía no lo han cogido!

He llorado también, como le pasa a la mayoría de la humanidad, a la muerte de mis padres y de otros familiares y de amigos que han ido desapareciendo a lo largo de la vida.

Lloro también por la avaricia y afán de especulación que se ha propiciado en Barcelona para echar a los inquilinos que llevamos más de 30 años pagando alquileres altos y a pesar de ello nos están haciendo mobbing inmobiliario, con el objeto de obtener rentas superiores con contratos cortos a grupos de individuos que comparten piso o bien por días y semanas como pisos turísticos... lloro porque es un constante sin vivir, como estar bajo libertad condicional. Que no se le ocurra al propietario interponer una demanda tras otra o varias a la vez, lo que te obliga a no salir de casa para que te lleguen las notificaciones (que no se pierda ninguna)... cada primero de mes vigilar al banco para que no olvide poner la transferencia, que no paguen cosas sin importancia y que no sea que olviden lo fundamental, sacar de donde sea para que la cuenta esté bien provista. Desde que hay esta ley no podemos dormir tranquilos con el miedo en el cuerpo, con la angustia de que cualquier día nos van a echar de casa... Llevo 32 años pagando religiosamente y me tratan como a un okupa. Para abogados, procuradores y jueces es un negocio y encima una diversión. Se lo pasan fenomenal martirizando al personal... nosotros no.

Lloro también cuando veo cómo engañan a los inmigrantes, a esos millones de refugiados que creen que Europa va a ser la meta de sus sueños donde poder establecerse, con sus costumbres y manera de vivir, pudiendo practicar libremente su religión, tan antagónica de la nuestra.

Lloro cuando veo que los hijos de ‘la Banlieu de París’ no tienen ninguna oportunidad... lloro, esta vez de vergüenza, cuando unos poco jeques árabes dilapidan millones en Londres, Marbella, Costa Azul... y altos funcionarios o ejecutivos de multinacionales se pegan la gran vida... pero niegan el pan a muchos de sus correligionarios. Lloro por esa Europa que sólo ofrece oportunidades para los más listos y osados... y que cínicamente cierra las fronteras a todos los demás. Lloro porque es como el hundimiento del Titanic: sólo hay botes salvavidas para unos pocos y, si puede ser, de primera clase...

Lloro porque esta Europa, la que diseñó Giscard d’Estaing, está muerta. Lloro porque, si no evoluciona y se convierte en la Europa Estado de las regiones y nacionalidades, en lugar de una Unión de Estados (ahora 27 a la carta) se va a convertir en un inmenso campo de refugiados, dominado por políticos corruptos pagados con grandes sueldos... que terminará como terminó el Imperio romano, invadido por refugiados godos procedentes del este... y entonces será la destrucción y ya no nos quedaran lágrimas para seguir llorando...

Eduard de Vilar Hernández

(Cambrils)

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