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¿Liberalismo?

Se permite el desaguisado y después se arregla con generosas ayudas
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Como es conocido, la Unión Europea alardea de ser liberal. El mercado y la libre competencia son los fundamentos de un sistema económico en que cualquier intervención, por razonable que sea, es vista con malos ojos. Este fundamentalismo nos ha traído desastres como los severísimos ajustes que hemos debido practicar para recuperar los equilibrios perdidos con una rapidez que ha resultado ser muy lesiva para las clases medias. Pero un ejemplo jocoso que está en los periódicos iluminará mejor que cualquier argumento la paradoja que nos impone la burocracia de Bruselas.

El asunto es prosaico y ganadero. Los propietarios de vacas lecheras protestan con toda la razón porque el mercado les paga últimamente la producción a un precio que resulta inferior a los costes de producción. Y exigen un precio mínimo, que por lo menos asegure su supervivencia. Pero eso no puede ser –argumenta la ministra del ramo– porque en la Unión Europea no se pueden fijar arbitrariamente los precios. Así lo imponen las normas sacrosantas de la competencia.

Pero el asunto tiene al parecer arreglo: no se fijarán precios mínimos pero se concederán subvenciones a los ganaderos que hayan de vender la leche a precios inferiores a un cierto umbral de rentabilidad. Se permite el desaguisado pero después se arregla con generosas subvenciones. ¿Nadie se ha dado cuenta del colosal disparate?

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